lunes, 6 de abril de 2015

Jean-Paul Didierlaurent: El lector del tren de las 6:27. Por Mari Carmen GdM

Didierlaurent, Jean-Paul: El lector del tren de las 6:27. Seix Barral, Barcelona, 2015 (edición original de 2014). Colección Formentor. 200 páginas. Traducción de Adolfo García Ortega. Comentario realizado por Mari Carmen GdM.


La gente corriente esconde un mundo extraordinario

Encantadora obra sobre la vida cotidiana, las riquezas, búsquedas y retos que encierra. La trama se desarrolla a la par que la vida del personaje principal. 

La promoción del libro dice así: "Guibrando Viñol no es ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. Su trabajo consiste en destruir lo que más ama: es el encargado de supervisar la Cosa, la abominable máquina que tritura los libros que ya nadie quiere leer. Al final de la jornada, Guibrando saca de la entrañas del monstruo las pocas páginas que han sobrevivido a la carnicería. Cada mañana, en el tren de las 6.27, se dedica a leerlas en voz alta para deleite de los pasajeros habituales. Un día descubre por casualidad una pieza de literatura atípica que le cambiará la vida.

La amistad une a un grupo de personajes aparentemente anodinos, probables compañeros invisibles de nuestros viajes cotidianos en tren, que esconden mundos extraordinarios donde todo es posible: un vigilante de seguridad que habla en verso, una princesa cuyo palacio es un aseo público, un mutilado que busca sus piernas. En una mezcla insólita de humor negro y dulzura, celebramos con ellos el triunfo de los incomprendidos."

Relata en tercera persona cómo el protagonista, en lo más anodino del día a día, amarrado por la esclavitud de un nombre y un trabajo que le torturan, llega a descubrir, luchar y cultivar a su alrededor todo un mundo donde se entretejen otras vidas igual de anodinas pero inmensamente ricas simplemente por lo único que es cada individuo, sus esencias, búsquedas, luchas..., para quienes en la rutina se introduce cada día una esperanza y para quienes, simplemente, llega un momento en que todo adquiere un sentido, lo transforma y libera.

Una suerte de parábola sobre el sentido de la vida, de la vida de cada uno... para los otros que nos rodean, próximos o no, conocidos y desconocidos; sobre cómo nada de lo que hacemos o acontece es inane; y cómo es necesario que el tiempo, como caldo de cultivo del más hermoso jardín, termine de abonar las circunstancias de cada uno para que al final se aclare la trama de nuestra vida.


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