lunes, 8 de junio de 2015

Joaquim Amat-Piniella: K. L. Reich. Por Javier Sánchez

Amat-Piniella, Joaquim: K. L. Reich. Libros del Asteroide, Barcelona, 2014. 289 páginas. Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón. Traducción de Baltasar Porcel y del autor. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Tengo que reconocer que me ha cautivado. Desde hace mucho tiempo, siempre que he tenido ocasión, he leído sobre los campos de concentración nazis. He intentado adivinar cuál es su lógica, el porqué de su existencia, cómo un pueblo puntero en ciencia y filosofía pudo llegar a apoyar el fenómeno Hitler y su nacionalsocialismo.

En noviembre pasado, me fui con mi familia a Munich. Para mí era inevitable visitar el campo de exterminio de Dachau, que está a pocos kilómetros de la ciudad. No fui a hacer turismo a Dachau, sino a tratar de visualizar el horror, la capacidad que tenemos los humanos de generar el mal... el resultado fue increíble. Los barracones, la cámara de gas, el horno crematorio... ¿cómo es posible que hayamos llegado a este punto?

Cuando volví a Madrid, le comenté todo esto a mi amigo Juan Carlos Velasco. Con él hicimos un repaso de las obras escritas sobre los campos de concentración: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl; La escritura o la vida, de Jorge Semprún; la trilogía de Primo Lévi: Si esto es un hombre... En un momento de la conversación, Juan Carlos destacó el hecho de que muchos españoles, fundamentalmente exiliados republicanos en Francia, fueron hechos prisioneros por los nazis y llevados a los campos de exterminio. Que murieron a miles. Sí, le contesté, y me gustaría poder leer algún testimonio de los supervivientes. El hecho es que, al día siguiente de la conversación, me encontré el libro que ahora os estoy presentando. Lo acababan de editar en España. Inmediatamente me puse con él.


Joaquim Amat-Piniella (1913-1974) nació en Manresa y fue educado en casa por sus padres; durante la república llevó a cabo una intensa actividad cultural y política. Al estallar la guerra civil española (1936-1939), se alistó voluntario en el ejército republicano y combatió en el frente andaluz. Acabada la guerra huyó a Francia, donde fue internado en distintos campos de refugiados. Posteriormente, fue movilizado por el ejército francés como trabajador forzoso. En junio de 1940 fue hecho prisionero por los alemanes y deportado a Mauthausen y después a otros campos de la ribera del Danubio, donde permaneció hasta su liberación en mayo de 1945. Entre este año y 1946, escribió la novela autobiográfica K. L. Reich sobre sus experiencias en los campos nazis, en la que siguió trabajando hasta que esta pudo ver la luz en 1963. Dos años después recibió el premio Fastenrath. Es también autor de otras obras, como Ombres al calidoscopi, El casino dels senyors, etc.

La obra que nos ocupa es, pues, el fruto de la experiencia del autor como prisionero durante casi cinco años en distintos campos de concentración nazis. Su objetivo con ella es perpetuar la memoria de los miles de españoles que estuvieron internos en los campos. Optó por escribir una novela, pues a su juicio esta era la forma "más fiel a la verdad íntima de los que vivimos aquella aventura".

Francesc y Emili, dos exsoldados republicanos que trabajan para el ejército francés, son capturados por las tropas nazis. Deportados al campo de concentración de Mauthausen junto a otros excombatientes españoles, allí empezará para ellos una experiencia terrible que los convertirá en testigos de la llamada "internacional del dolor". Palizas, robos, experimentos... todo es posible allí, y siempre bajo la atenta mirada de los Kapos, prisioneros también famosos por su crueldad y su amoralidad.

El relato se centrará en Emili, prisionero que logra sobrevivir al horror por su don natural para el dibujo. Una vez que los nazis lo descubren, le obligarán a hacer dibujos pornográficos (sí, has leído bien) para satisfacer la libido de los oficiales alemanes. A través de este personaje, el autor nos irá mostrando el funcionamiento de los campos de la corrupta red de Kapos, las distintas clases de reclusos, el terrible sistema de exterminio, la malnutrición... En fin, nos descubrirá el horror en su estado puro.

La novela está escrita con maestría. Es muy ágil. No puedes parar de leer. Cuando yo trataba de poner imágenes a los distintos avatares que se iban sucediendo en la novela, recordaba con nitidez mi visita a Dachau. Y, en ocasiones, tenía que hacer verdaderos esfuerzos para contener las lágrimas.

Theodor Adorno, ilustre filósofo alemán miembro de la Escuela de Frankfurt (junto con Marcuse, Horkheimer y Habermas, entre otros), parafraseando el imperativo categórico de Kant, decía: "Obra de tal modo que Auschwitz no vuelva a repetirse". Gran verdad, maestro, gran verdad. ¿Habremos aprendido la lección? Hasta la próxima.


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