lunes, 20 de febrero de 2017

Antoni Matabosch: Cuarenta años de ecumenismo. Por José María Vaca Nieto

Matabosch, Antoni: Cuarenta años de ecumenismo. Milenio, Lleida, 2009. 334 páginas. Comentario realizado por José María Vaca Nieto.

El libro está compuesto por una selección de más de 200 artículos publicados en el periódico catalán La Vanguardia por Antoni Matabosch entre los años 1968 y 2009. Aunque el título se refiera a una buena parte del contenido temático, más de las dos terceras partes corresponden al tema ecuménico, se recogen también artículos agrupables de otra manera, bajo el epígrafe específico de fe-ciencia o el más general de iglesia-sociedad. El criterio seguido por el autor al ordenar el material es de tipo cronológico, no temático, de ahí que se puedan hacer varias lecturas.

La información que se transmite a través de los artículos no es neutra. Escritos con agilidad periodística, son cortos, se leen bien y junto a la información suficiente sobre el acontecimiento del que se trata, como no podía ser menos, llevan consigo un cierto elemento editorial que valora las afirmaciones, es decir, transmiten opinión.

Si, siguiendo las indicaciones del prologuista, nos fijamos en el contenido principal, el ecuménico, se puede observar un desarrollo que va desde el anatema mutuo al diálogo, y desde el diálogo a determinados acuerdos parciales sin llegar en ningún momento a la ansiada comunión. Es el relato de una historia vivida día a día en la que junto a avances de importancia de tipo doctrinal se dan, a la vez, retrocesos no menos llamativos. Y es que la historia del ecumenismo es también la historia de una serie de iglesias que, si bien comparten una fe común, llevan también siglos de vida autónoma y separada, que ha conducido a praxis muy diferentes. Se trata de organizaciones vivas que en su desarrollo propio, junto a las dinámicas de encuentro que propiciadas por los grupos convencidos de la necesidad de unidad, generan también elaboraciones doctrinales y prácticas que, lejos de la perspectiva ecuménica, siguen incidiendo en la diferenciación.

Viendo el índice llama la atención la falta de homogeneidad en la frecuencia de colaboraciones por años o por décadas: junto a una media de cuatro o cinco en los setenta, sólo aparece un artículo o dos por año en los ochenta, noventa y primeros dos mil… Situación ésta que provoca una duda en el comentarista, ¿hay que buscar la bajada en el número de colaboraciones en la pérdida de interés por el tema religioso tras el Concilio o se debe a otras causas? Esta duda no se resuelve con una mirada al índice que completa el libro en el que el autor añade otra serie de artículos de los que no ha incluido el texto. Si bien la lectura de las colaboraciones puede resultar reconfortante para algunos lectores por la ocasión de volver su mirada sobre un pasado vivo y vivido, puede resultar menos reconfortante si se contempla desde una mirada a la prensa actual en la que en general hay un trato tan diferente de la información religiosa. Una prensa en la que los acontecimientos eclesiales o no son noticia, o sólo lo son, cuando tienen que ver con las actuaciones o afirmaciones de determinados jerarcas más preocupados en la disciplina que en el encuentro entre la teología y la cultura.

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