jueves, 2 de febrero de 2017

Heleno Saña: La ideología del éxito. Por Iván Pérez del Río

Saña, Heleno: La ideología del éxito. Una lectura de la crisis de nuestro tiempo. PPC, Madrid, 2016. 232 páginas. Comentario realizado por Iván Pérez del Río (Estudiante de Teología. Universidad Pontificia Comillas, Madrid).

En este libro, el filósofo y ensayista Heleno Saña hace una lectura de nuestra sociedad muy sugerente. Dice, entre otras cosas, que nuestro mundo es irracional, inhumano y destructivo y señala que la causa de lo anterior es una obsesión por el éxito de la que el ser humano es esclavo. El éxito es la meta existencial del ser humano. Puede que al lector esta lectura que hace el autor le resulte, al comienzo, catastrofista. Hará falta llegar hasta el final del libro para entender que el realismo con el que Heleno dibuja el mundo va acompañado de una esperanza grande. Se puede tener acceso de nuevo a la verdad, actualmente sepultada bajo la losa de la doxa triunfante. Para el autor la historia no es determinista, se puede corregir, podemos cambiar el rumbo.

El texto ofrece una reflexión interesante acerca del proceso de secularización de la sociedad occidental. El ascenso de la burguesía provocó no solo la caída de la nobleza, sino también una secularización que fue socavando la fe religiosa y la autoridad de la Iglesia. Como señala Saña, para el hombre del medioevo la fuente principal de orientación era la fe religiosa, mientras que para el hombre de hoy las opciones de elección que ofrece la sociedad secularizada son múltiples. El hombre ha vuelto la espalda a los valores eternos para centrar exclusivamente su atención en lo perecedero y en lo contingente.

Para el autor, el hombre de la sociedad de consumo quiere que se le vea, el ser o no ser no se presenta como un problema ontológico o metafísico sino que se reduce a la disyuntiva entre éxito o fracaso. La competitividad fluye por las venas de nuestra sociedad, competir se ha convertido en sinónimo de avasallar y vencer al otro humillándolo. A juicio de Heleno, uno de los efectos de lo anterior es la insolidaridad, la indiferencia, la inhospitalidad. Las cámaras de gas han sido sustituidas por la miseria, el paro, la falta de agua y de asistencia médica.

Como decíamos al comienzo, este análisis va acompañado de una profunda esperanza. El modo de plantearla el autor es señalando que lo puramente humano es sufrir con los que sufren, apiadarse de los humillados y sentir vergüenza de que haya hombres, instituciones o ideologías que persiguen el único fin de acumular poder. En el hombre hay una potencia buena, llamada a desarrollarse. A mi modo de ver, la solución que aporta el autor al final de la obra es escasa, parcial y teñida de tintes utópicos. Heleno afirma:
“La lucha por un mundo radicalmente distinto al que tenemos ahora tiene que partir de formas de gestión basadas en una democracia participativa, deliberativa y autogestionaria [...] democracia del pueblo, por y para el pueblo, una democracia sin jefes ni subordinados”.
Aspirar a unos ideales nobles me parece acertado, pero si se aspira a ellos sin tocar y reformar el fondo, me parece un error que conduce a frustraciones sociales fatídicas. Creo que la crisis actual es una crisis profunda y radical de la persona, cuya solución dudo que pase solo por una reforma institucional. El hombre de hoy ha de reencontrarse, ha de descubrir la potencia que tiene en su interior, ha de responder a la pregunta radical sobre qué significa ser persona. Bajo mi punto de vista, la educación y las religiones tienen un papel clave en la resolución de esta crisis.

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