Dupleix, André: Orar con Pierre Teilhard de Chardin. Sal Terrae, Santander, 2013. 158 páginas. Comentario realizado por María Arinero García.
Solo las once páginas de la introducción de este libro recogen datos biográficos de Pierre-Marie-Joseph Teilhard de Chardin (1881-1955), pero son fundamentales para presentar a este jesuita francés y universal, paleontólogo y filósofo, reconocido gran orante de la Iglesia. De él se dice que desde pequeño anhelaba tener «algo suficiente y esencial que no se alterase en absoluto» (p. 15). De ahí, quizá, su temprana afición por las piedras, aunque más tarde comprobaría que estas también sufren modificación. Releyendo su vida, él mismo escribirá: «tengo conciencia de haber pretendido alcanzar lo absoluto en todo. Creo que no habría tenido valor el tratar de alcanzar otro objetivo» (p. 15). Es esta una buena síntesis de una vida en búsqueda científica y espiritual, una vida de compromiso con lo que da sentido. Y este libro nos permite adentrarnos en ello.
Pierre Teilhard de Chardin nació el 1 de mayo de 1881 en Sarcenat, en la región de Auvernia (Francia). Murió el 10 de abril de 1955, domingo de Pascua, en Nueva York. A lo largo de sus casi 75 años se podrían señalar cuatro experiencias fundamentales, que él mismo releería por su gran importancia vital: sus primeros años en el entorno familiar, la experiencia de ser científico en la Compañía de Jesús, su experiencia durante los años de la Primera Guerra Mundial, en los que sirvió como camillero, y su estancia en China, adonde fue enviado en 1923 y donde permanecería, en diferentes periodos, durante casi veinte años.
Su pasión intelectual y espiritual no cesó nunca. Se habla de él como profeta y visionario. Sin embargo, sus publicaciones filosóficas y teológicas no fueron siempre bien vistas por parte de algunos sectores oficiales de la Iglesia, llegando incluso a ser retirado en 1925 de la cátedra que había obtenido en el Instituto Católico de París, además de tener dificultades con la censura para la publicación de sus obras durante muchos años («El medio divino», «La energía humana» o «El fenómeno humano»).
El libro que nos ocupa propone al lector un recorrido orante a través de una espiritualidad teilhardiana. Su autor, André Dupleix, doctor en teología, sacerdote de la diócesis de Bayona y Secretario General adjunto de la Conferencia de obispos de Francia desde 2005, hace una selección de los amplios textos y reflexiones para trazar este recorrido.
Y es que la oración fue la columna vertebral de este jesuita. Le sirvió para afrontar los avatares de la vida y lograr una profunda coherencia. En este libro se advierte esta unidad vital total, una conjugación admirable entre la meditación constante, la experiencia profunda del Dios vivo y un claro compromiso con las estructuras y los cambios de su tiempo.
La selección está dividida en cinco capítulos: 1) Revelación; 2) Mística; 3) Acción; 4) Presencia; y 5) Esperanza. Cada uno de ellos, a su vez, se divide en tres apartados que abordan polos fundamentales en su espiritualidad: «Un mundo que transparenta a Dios»; «El Cristo Universal y el Medio Divino»; «“El sentido de la Cruz”, como parte de «Revelación»; “Una mística de la unión”, “La fuerza del Amor” y “Progreso y desprendimiento”, forman parte de «Mística»; “La acción reveladora”, “El sentido espiritual de la investigación” y “El poder espiritual de la Materia”, en el capítulo «Acción»; “El sacerdote”, “La Eucaristía, hogar ardiente” y “La Misa sobre el Mundo”, como parte de «Presencia»; y "Creer en la Iglesia”, “Esperar y tener esperanza”, y “Un cristianismo de futuro”, como parte de «Esperanza». Dupleix presenta cada uno de estos temas intercalando fragmentos de los textos de Teilhard e incluye una propuesta de texto bíblico final que complementa cada meditación.
No pueden dejar de estar presentes en este recorrido meditaciones sobre la Cruz, Cristo y Dios, la Eucaristía o la Iglesia; como buen joánico, para Teilhard la Cruz, la Encarnación y la Redención están íntimamente unidas. Asimismo, las meditaciones tocan el mundo de la investigación en el mundo de la evolución, su otra pasión, que es abordada como medio para adentrarse en la obra creadora de Dios. En una de sus afirmaciones reconocerá que «el mundo tiene sed de adoración; cuanto más se desarrolle el Hombre, más necesidad sentirá de adorar» (p. 115).
Cada una de las meditaciones que componen este libro configura una propuesta completa para un día de oración. Así, «Orar con Pierre Teilhard de Chardin» asegura quince días de meditación en torno a una espiritualidad que no deja de estar profundamente arraigada en el mundo. Desde el deseo de Teilhard de «amar y servir» al Creador y Señor, se contagia su optimismo fundamental (expresión muy de su agrado) y su también dimensión profética, que pide al Cristianismo que «no nos mantenga únicamente prudentes y sane nuestras heridas, sino que nos haga críticos, entusiastas, buscadores y conquistadores...» (p. 145).
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