Castelao, Pedro: La visión de lo invisible. Contra la banalidad intrascendente. Sal Terrae, Santander, 2015. 176 páginas. Comentario realizado por Marta Medina Balguerías.
La visión de lo invisible es un libro tan original como inclasificable. El propio autor, Pedro Castelao, se refiere a él como un libro que vino sin premeditación, como sucede con algunos niños. Castelao es profesor de Antropología Teológica en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), miembro de la Comisión permanente de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión del ICAI y director de Encrucillada. Revista galega de pensamento cristián. Además de teólogo de profesión, es padre de tres niños, a los que va dirigida la obra. Por este motivo podríamos aventurarnos a considerarla como un «testamento público»: destinado a sus hijos, pero compartido con todo el que quiera adentrarse en su propuesta.
En palabras del autor, este libro «quiere luchar contra la banalidad, contra la estulticia, contra el ruido, contra la superficialidad que solo busca diversión, entretenimiento, espectáculo y, por ende, olvido de sí. [...] nada me aterra más que el pensamiento de que a mis hijos se les obture el sentido de la trascendencia y vivan tonta y superficialmente su existencia» (p. 30). El objetivo de la obra es claro: en un mundo cada vez más superficial, más preocupado por lo banal, Castelao quiere plantear –a sus hijos y a nosotros, sus lectores– la pregunta por Dios e invitar a buscarlo cultivando «la visión de lo invisible».
La estructura del libro ha sido concebida como un semicírculo o parábola. El primer capítulo parte de realidades cotidianas, para elevar nuestra mirada desde ellas y percatarnos de que lo maravilloso de nuestro mundo está en aquello que no se ve. Nuestra razón está abierta a la trascendencia, a lo absoluto, al infinito. Los tres siguientes capítulos conforman el punto más alto de la parábola; tratan sobre la idea de Dios, su realidad y su presencia en nuestro mundo. El capítulo segundo acompaña a Anselmo de Canterbury en la búsqueda del Único Necesario y profundiza en la presencia de Dios en su idea. Una presencia que es también ausencia categorial: Dios está más allá de todo, también de lo que podemos pensar (es, como dice Castelao, ultracreatural). El tercero, de la mano de Immanuel Kant, se pregunta por la realidad de esa idea de Dios. El autor concluye que, si bien el llamado «argumento ontológico» no puede ser considerado como una demostración de la existencia de Dios, sí podemos concebirlo como la presencia de Dios en nosotros a través de su idea: lo que él denomina «teofanía especulativa». El capítulo cuarto trata sobre la presencia ausente de Dios en el mundo. Castelao invita a buscar a Dios en todas las cosas porque está en todas ellas –inmanencia aunque, al mismo tiempo, no se identifica con ninguna– trascendencia–. El quinto y último capítulo, que representa el movimiento descendente de la parábola, se acerca a los artistas como buscadores del Absoluto. Partiendo de las ideas de Ortega y Bergson, el autor profundiza en la experiencia estética para ofrecer su propia definición del arte: «el fluir de la vida y su imaginación condensada en una forma aprehensible» (p. 164). En él hay belleza cuando la obra de arte es capaz de condensar o retener verdaderamente un fragmento de vida vivida o imaginada, que luego es «fluidificada» o liberada de nuevo por el espectador. El capítulo acaba con una visualización práctica de esta experiencia estética en la obra de Antoni Tàpies. Por último, el epílogo reflexiona sobre el carácter múltiple de la razón humana, que no es solo técnica, sino también religiosa, metafísica, trascendental, teológica y estética, entre otras. Sin razón múltiple no podremos acceder a la presencia del Absoluto invisible en el espacio y en el tiempo. No se trata de desentenderse del mundo, sino de vivirlo en profundidad, en búsqueda del Único Necesario.
La visión de lo invisible es una lectura muy recomendable, pero hay que decir que no está exenta de altura especulativa. Aunque el estilo es agradable, directo y claro, y por tanto no estamos ante un tratado académico, no es un libro de divulgación al uso. Por eso, además de estar dispuesto a ejercitar la imaginación –como señala al principio el autor–, hay que estar dispuesto a ejercitar el intelecto. Eso sí, el esfuerzo merece la pena, ya que abre al horizonte de lo invisible, verdadero sentido de la realidad visible que habitamos.


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