González-Balado, José Luis y Playfoot Paige, J. N.: Pablo VI. ¡Un gran Papa: culto, humilde y santo! San Pablo, Madrid, 2014. 350 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.
No sería muy extraño que alguien se preguntase qué objetivo tiene, pasado ya más de medio siglo de su muerte, una biografía de Pablo VI. ¿Quién va a negar que, tras introducirse su proceso de beatificación en mayo de 1993, la figura de Pablo VI ha experimentado una recuperación del nivel general de estima que se le había negado cicateramente y que vuelve a ser objeto de una merecida y serena reconsideración ya casi histórica?
Esta obra es una semblanza del papa Montini que destaca los puntos clave de su vida y su pontificado: es presentado como fiel sucesor de Juan XXIII y continuador de la apertura de la Iglesia que este emprendió al convocar el Concilio, como precursor de Juan Pablo II en su deseo de extender el mensaje del Evangelio y como antecedente en el programa de reforma de la Iglesia del papa Francisco. El libro incluye una cronobiografía de Pablo VI, el testimonio de los secretarios de Juan XXIII y Pablo VI (Loris Capovilla y Pasquale Macchi, respectivamente) y de algunos obispos españoles que lo conocieron (Elías Yanes, Maximino Romero de Lema, Ramón Torrella y Vicente Enrique y Tarancón), así como varios apéndices que recogen diversos textos escritos suyos (la meditación ante la muerte, el testamento, el Credo del Pueblo de Dios, la homilía en la Misa de los Artistas, la carta a las Brigadas Rojas...).
Dicen los autores que «Esta modesta y, lamentablemente, un poco –sino un mucho– desordenada biografía se ha escrito para ser publicada y, dentro de lo posible, también difundida, ante todo en español y en España». La razón es que González-Balado y Playfoot Paige son conscientes de que en España, por lo menos en determinados ambientes no muy sinceramente religiosos, antes aún que católicos, Pablo VI no fue tan conocido ni comprendido, aceptado ni amado, como lo fue y sigue siendo en otros países y ambientes. Esto es, entre otras razones, lo que justifica que el libro contenga un prólogo de testimonios, pocos pero sinceros, de los obispos españoles citados anteriormente.
Respecto a la relación entre Pablo VI y Francisco Franco, aparece el cruce de cartas (cap. 8: Los obispos españoles en el concilio) entre ambos sobre la renuncia del Jefe del Estado español a la presentación previa de futuros obispos, solicitada por el Pontífice. Franco le contestó, clara y llanamente, que no y se refugió en que ese privilegio lo tendría que suspender un nuevo Concordato. Es llamativo que Franco justificara en su carta la rebelión militar contra la II República, cosa que, por supuesto, no debió de hacerle ninguna gracia a Montini.
El libro centra el tema de las dificultades de Pablo VI con el régimen de Franco y, además, sitúa en su contexto una serie de opiniones de periodistas y comunicadores españoles que analizaban ese problema del franquismo con Pablo VI.
El caso de Pablo VI es diferente. Cuanto más se profundice, con el paso de los años, en el análisis de su personalidad y de su obra, tanto más resplandece y resplandecerá su grandeza espiritual (y también humana), razón formal y definitiva de su ejemplaridad y del crédito para que, por él, los creyentes rindan culto a Dios.
Los autores no quieren ocultar que la intención del libro es en parte apologética. Quieren reivindicar, aunque parezca presuntuoso, la merecida fama de un hombre de la Iglesia, ¡un Papa!, que fue, en su momento, objeto de una innegable cicatería.
Reivindicar su fama, intentarlo simplemente, más que un simple gesto de justicia hacia él, que ya no necesita, tiene valor para nosotros. Nos permite recuperar valores que están ahí, en su legado todavía pleno de virtualidades ejemplarizantes. Y rectificar, de paso, la mala conciencia de haber incomprendido y hecho sufrir con la incomprensión a alguien que fue generosamente comprensivo.
Hay varios aspectos que los autores destacan sobremanera con respecto a Pablo VI. Se enfatiza la larga amistad de Montini con Angelo Roncalli, Juan XXIII, que se mantuvo durante muchos años; Juan Bautista Montini fue el primer cardenal creado por Juan XXIII, y el Papa Juan siempre pensó que, si Montini hubiera sido cardenal en el cónclave que lo eligió a él, la elección habría recaído sobre el prelado de Brescia.
Otro aspecto es la condición sacerdotal a ultranza de Montini, que nunca fue un alto cargo al uso de la plataforma curial romana; vivió con enorme austeridad y, siempre que le era posible, asumía su condición de sacerdote en varias parroquias de Roma. Contiene el libro, además, un documento de Pablo VI: «Cómo deben ser los sacerdotes». Finalmente, otro tema de enorme importancia es la admiración del papa Francisco por Pablo VI y cómo ha imprimido nuevo dinamismo a la canonización de san Juan XXIII y a la beatificación de Pablo VI. Y hay una confesión de Francisco –publicada en una nota (p. 233)– sobre sus dudas de revestirse de blanco o de rojo para la beatificación de Pablo VI, «aludiendo obviamente al hecho de que lo considera casi un mártir en razón de todo lo que sufrió por amor a la Iglesia durante su pontificado».
Tormenta, pues, y acopio de testimonios de elogio. En ningún caso, de elogio gratuito. Testimonios de personas con credibilidad por sí mismas y, circunstancialmente también, por la garantía de que conocieron bien a Pablo VI.


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