lunes, 15 de junio de 2026

Kurt Koch: La Iglesia de Dios. Por Marta Sánchez

Koch, Kurt: La Iglesia de Dios. Comunión en el misterio de la fe. Sal Terrae, Santander, 2014. 278 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.

El Cardenal Koch, cuando se publicó este libro, era miembro de varios dicasterios de la Curia romana y presidía el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Escribió estas páginas para hacer un servicio ecuménico. Abrir el diálogo entre los distintos modos de ser Iglesia y caminar juntos hacia la unidad: este es un reto crucial para el tercer milenio. El siglo XX fue el siglo de la Iglesia; ahora es el tiempo del laicado. Juntos, los cristianos haremos visible que la Iglesia es la casa de la Misericordia. 

La Iglesia se origina en la actividad fundante de Jesús: es pueblo de Dios desde el cuerpo de Cristo; es icono de la Trinidad. Las cartas paulinas son un ejemplo de la comunión entre los apóstoles. Pablo animó a las diversas comunidades a edificar la gran Iglesia. Ir más allá de la uniformidad y el personalismo, centrarse en el anuncio de la Buena Nueva, proclamar la verdad del Evangelio y celebrar la alianza de Cristo con la humanidad. El Papa es el norte y guía, y los obispos son los puentes vivos de comunicación entre la Iglesia local y la Iglesia universal. El Concilio Vaticano II lo expresó con una fórmula: «En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única» (LG 23). 

Entramos en la vida eclesial por medio de los sacramentos de iniciación (bautismo, eucaristía y confirmación). Vivimos en medio de una crisis de la vida litúrgica, el fin de la forma constantiniana (la relación entre la fe cristiana y sociedad mundana). El desafío pastoral es renovar el catecumenado. Juan Pablo II caracterizó al obispo como el responsable de la iniciación cristiana. El bautismo es la puerta de entrada a la Iglesia y, por tanto, al ecumenismo. La ética cristiana es, en esencia, una ética bautismal. La Iglesia crece alrededor de un altar. La eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana. Es necesario fortalecer el catecumenado de adultos para animar a muchos fieles a madurar su fe. La praxis actual de los sacramentos es más privatizada e individualizada. Está siendo necesario recordar la impronta escatológica del sacramento de la confirmación. Los cristianos somos ciudadanos del cielo. 

Los gestos fundamentales de la Iglesia en la Europa actual son evangelizar en la esfera pública por medio de la predicación y el servicio. La Iglesia es voz de la palabra de Dios. La liturgia es el crisol de la fe. Ante el secularismo y el funcionalismo moderno, es necesario recuperar la gratuidad cultual de la Iglesia, celebrar la fe para irradiar el misterio de Dios en la sociedad contemporánea. La bondad de Dios se hace visible en el servicio a los seres humanos. La Iglesia tiene una doble dimensión mariana y apostólica. En el diálogo ecuménico se juega la catolicidad de la Iglesia. La doctrina de la Iglesia solo llega a los hombres cuando procede del amor y lleva al amor. 

Recomiendo leer esta obra a todos los evangelizadores, sobre todo a los catequistas de adultos. Estas páginas, amenas y fáciles de entender, ayudan a comprender el interés del magisterio por abrir el diálogo entre todos los cristianos y tender puentes entre las religiones. 


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