miércoles, 7 de enero de 2026

Ángel Cornago Sánchez: Comprender al enfermo. Por Rosario Paniagua

Cornago Sánchez, Ángel: Comprender al enfermo. Para una relación humana en el mundo de la salud. Centro de Humanización de la Salud - Sal Terrae, Santander, 2014. 224 páginas. Comentario realizado por Rosario Paniagua Fernández.

El autor es médico especialista en medicina interna, aparato digestivo, máster en bioética por la Universidad Pontificia Comillas; su trayectoria profesional ha sido en el medio rural y en varios hospitales; es autor, además, de varios libros, entre ellos El paciente terminal y sus vivencias.

En este libro se analizan, desde un enfoque humanista, la salud y la enfermedad, los diferentes papeles de los protagonistas en el encuentro asistencial: pacientes, médicos, sanitarios, familias... y todos los elementos que puedan contribuir a la curación y, si esta no es posible, al alivio y acompañamiento del enfermo y su familia. A lo largo de la vida, las personas viven la vulnerabilidad de formas diferentes, llega inexorablemente el sufrimiento, el dolor, las pérdidas, y un momento muy crucial es la enfermedad, el modo de enfocarla, que es el contenido clave del libro.

Con los avances de la medicina, la vida ha saltado por encima de la enfermedad en dolencias que hace unas décadas era impensables; cada día hay nuevos descubrimientos técnicos, farmacológicos y científicos que retrasan el fallecimiento de las personas. Junto a esto, la relación del médico y el paciente ha cambiado: se hace más partícipe al enfermo de las decisiones que se van a adoptar en el tratamiento, si el enfermo pide información acerca del curso de la enfermedad y de los medios que se van a utilizar buscando su mejora. En todo esto han desempeñado un papel crucial la bioética y los Comités de Bioética en las instituciones médicas y geriátricas.

Todo enriquece de forma notable la relación, y se abre un camino de humanización, aunque no siempre se consiga. Merece la pena vivir la salud y la enfermedad en las que se potencien los valores humanos, el encuentro, la relación. El sufrimiento, la enfermedad y la muerte están ahí, y hay que posicionarse ante ellos con un talante humanizador, donde la persona se sienta entendida en todas sus facetas, y los familiares acompañados en momentos de pérdidas y de dolor intenso.

En la obra, el autor nos presenta estas circunstancias, que todas las personas, antes o después, van a vivir, para lo cual hay que estar preparados; pero un papel muy importante para suavizar el dolor les corresponde a médicos y enfermeras, sin ninguna duda. El trabajo que presenta el autor del libro está basado en la experiencia que durante muchos años ha vivido en el ejercicio de la medicina, reflexionando sobre la mejor manera de humanizar la profesión médica y los bienes que derivan al paciente y a la familia. Escribe desde este modelo de actuación, del que está más que convencido o, mejor diríamos, lo tiene vivido.

Para incorporar este paradigma hay que entender la enfermedad desde una visión integral, sabiendo que en ella hay un componente físico y otro psicológico, y ambos influyen en el entorno social. La preparación técnica del personal sanitario es incuestionable, pero ha de ir acompañada de un enfoque humanitario para conseguir la excelencia y la máxima eficacia.

Comprender al enfermo y a su familia es uno de los retos fundamentales de los profesionales de la salud; pero lo es cuando la medicina se humaniza, cuando no se pierde la relación interpersonal. Los que sufren han de ser atendidos en todas sus necesidades y comprendidos en sus sentimientos, que afloran con fuerza cuando llega el dolor. Y este cuidado integral es lo que el enfermo necesita.

La humanización de la asistencia sanitaria es un clamor general: lo piden los enfermos, los profesionales, las familias..., todos; pues no se puede concebir la búsqueda de la salud, o al menos el intento, sin todos los elementos que afectan a las personas; de lo contrario, al enfermo se le cosifica, y se realizan multitud de acciones médicas bienintencionadas, pero carentes de alma, siendo un cuidado parcial e incompleto.

La cercanía y la comprensión son nutrientes de primera necesidad para unas vidas que están amenazadas por la enfermedad, situación que ocasiona mucho sufrimiento en el enfermo y su entorno. La relación paciente/profesionales de la salud tiene lugar en momentos muy duros, y todo esmero es poco. Para que se dé una relación de calidad es necesario entender la vulnerabilidad, tener la habilidad de conectar con el sufriente.

El autor trata de ayudar a considerar a la persona en su sentido total y reconoce que la enfermedad no solo tiene causas físicas o funcionales, sino aspectos psicológicos, afectivos, sociales; y todo ello hay que tenerlo en cuenta en los procesos de salud-enfermedad y en los de enfermedad-salud.

El libro trata de ayudar a los voluntarios, vecinos, amigos... a comprender al enfermo en su sentido más amplio, con unos valores y una forma de ser y estar en la vida que no se puede olvidar a la hora de tratar de curarlo o al menos, en muchos casos, acompañarlo al final de su existencia. Hay que superar la medicina paternalista, en la que no se establece el menor diálogo con el enfermo: se receta, y nada más; uno ordena, y el otro obedece. Hay que ir por otros caminos humanizadores, explorar juntos vías de salida de la situación, haciendo partícipe al interesado, si hay competencia para ello; y si no, a la familia: que puedan opinar, que puedan decidir y vean respetado su derecho a estar informados.

Por eso se hace necesario cambiar esa cultura paternalista y dar entrada a modelos más participativos en los que el enfermo, la parte fundamental de la relación, tiene algo que esperar y algo que decir; no desposeerlo de una identidad que le es propia. Hay que pasar de la medicina biologicista a la medicina personalizada, que aliviará sin duda el sufrimiento de las personas en los momentos de dificultad derivados de la falta y/o pérdida de la salud. Este paradigma de ejercer la medicina es ya una terapia en sí misma, una medicina, un remedio ante una sociedad que no se merece estar enferma, paradójicamente, en el ámbito de la salud, como a veces ocurre.

Revisando las 224 páginas, encontramos los contenidos del libro, repartidos en 16 capítulos, de los que destacamos los más relevantes para dar una idea de conjunto de la obra y acercar el libro al lector: la vulnerabilidad; la salud; la enfermedad; el enfermo; dolor y sufrimiento; bioética y enfermedad; el tratamiento; la familia; el paciente terminal; la vejez y la muerte. Pero solo si nos adentramos en la totalidad de la obra, podremos sacar conclusiones muy válidas acerca de la humanización en la relación con el enfermo, que es el propósito de esta entrega.

Desde aquí animamos a su lectura, por lo que tiene de sugerente y orientativa, ante unos temas difíciles que requieren ser tratados con todo esmero y calidad por lo que respecta al enfermo y a su entorno. Y, como indica el título, el objetivo de esta entrega es comprender al enfermo y dar pautas de humanización en el complejo mundo sanitario, donde se cruzan muchos elementos, y todos ellos requieren atención de calidad y no solo el aspecto médico, que, con ser fundamental, no es el único. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario