Gómez Villalba, Isabel: Educar la inteligencia espiritual. Recursos para la clase de Religión. KHAF, Madrid, 2014. 272 páginas. Comentario realizado por Cristina Santa-Olalla.
La obra es el resultado de la experiencia sobre la educación de la inteligencia espiritual de un grupo de profesores de Religión perteneciente a la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza. Consta de dos bloques y un anexo de actividades. El primer bloque es una fundamentación teórica, en la que se presentan unos breves apuntes sobre el nuevo paradigma educativo basado en la Teoría de las inteligencias múltiples, donde se destaca la importancia de afrontar el reto de educar la inteligencia espiritual, justificado desde las afirmaciones de diferentes autores. De la inteligencia espiritual emana el concepto de competencia espiritual, dentro de las competencias básicas, donde se proponen cuatro estadios sucesivos: básica, trascendente, religiosa y cristiana.
El segundo bloque se centra en la Inteligencia espiritual y la ERE. El gran reto del profesor es despertar la sensibilidad de sus alumnos hacia el Misterio, creando un espacio y un tiempo que vayan abriendo al alumno hacia el exterior (experiencia empírica) y hacia el interior (experiencia antropológica), hacia la trascendencia (experiencia metafísica) y, por fin, la apertura al Misterio (experiencia de Dios). En este itinerario hay que ir superando obstáculos y aplicando «antídotos», con el fin de llevar al alumno en la clase de religión a una vivencia personal y simbólica de trascendimiento creador.
La herramienta básica en este proceso, a modo de eje vertebrador, es la experiencia del silencio. La autora reivindica la potencia humanizadora del silencio y su gran valor formativo y configurador. Profundizar en la experiencia silente en clase es ofrecer al alumno la posibilidad de conectar con su verdadera identidad, trabajando los diferentes niveles de silencio: exterior, mental, emocional y místico, partiendo de la experiencia de la soledad, la relajación con el cuerpo, la concentración en relación con la mente y la contemplación en relación con el espíritu.
El tercer y último bloque es un amplio anexo de actividades para todas las edades, encaminadas a asentar dos pilares básicos que ayudarán a educar esta forma de inteligencia: Uno, la atención plena, viviendo el momento presente y descubriendo en lo cotidiano puertas de acceso a una realidad profunda e insondable a través de ejercicios de respiración consciente, de conciencia corporal, y ejercicios para vivir lo cotidiano con plena atención. Otro, las «mandalas» como símbolos de gran significado e instrumentos de meditación, con los que se aprende a gestionar las tres experiencias vitales: trascender, profundizar e integrar. Se aporta gran cantidad de variados ejercicios con el fin de saborear imágenes omnicomprensivas, usar esquemas centrados, herramientas de re-centrado y, por último, «mandalas» para regalar.
El libro aporta al profesor de religión tres puntales fundamentales para mejorar, renovar e incluso transformar sus clases de religión: una base teórica que le ayude a integrar en su clase la inteligencia espiritual; una motivación personal para poner en práctica personalmente y con sus alumnos la cultura de la interioridad; y un gran abanico de instrumentos prácticos para llevar a cabo esta tarea. Es un libro, en fin, técnico, profundo y práctico que puede conseguir que la clase de religión no se reduzca a impartir conocimientos y dé un paso necesario hacia la experiencia personal, tal como se dice en la contraportada: «El educador debería prepararse no tanto para ser un mero transmisor de contenidos, sino para ser un auténtico facilitador de experiencias». Además de para profesores de religión, también será útil para catequistas y monitores de tiempo libre de grupos cristianos, por la gran oferta de actividades que propone.


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