Fernández-Martos, José María: Misericordia acogida, misericordia entregada en la casa común. Sal terrae, Santander, 2015. 260 páginas. Prólogo de José Luis Segovia Bernabé (Josito). Comentario realizado por Marta Sánchez.
Para compadecer, antes hay que comparecer ante el sufrimiento de los otros. Lo dice el refrán: «ojos que no ven, corazón que no siente». Fernández Martos, jesuita y terapeuta, escribe sobre la ternura «visceral» de Dios. El Misterio de la Misericordia. Las obras de misericordia, corporales y espirituales, prolongan la obra de Jesús. Son catorce encrucijadas que propone la Iglesia para hacer llegar la bondad de Dios a toda la humanidad.
Recogiendo la invitación del Papa Francisco, el autor explica el sentido y la vigencia de este itinerario espiritual. Cada una de las obras de misericordia corporales (Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, visitar y asistir al enfermo, visitar a los presos y honrar y enterrar a los difuntos) y espirituales (Dar consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, enseñar al que no sabe, rogar por vivos y muertos, llevarnos con paciencia unos a otros y perdonar las ofensas recibidas) están ambientadas en la vida de Jesús, rostro misericordioso de Dios. El Papa invita a todos los fieles a realizar una «revolución de la ternura». Ser misericordioso es traer paz, serenidad y alegría a un mundo desvalido y desamparado. Para ello, primero hay que sentir la ternura de Dios y su misericordia. El amor eterno se vuelca en el hombre. El amor del Padre trabaja siempre en favor de sus hijos. Salir del propio Yo me adentra en Dios. Fernández-Martos explica cómo actualizar este camino eclesial en nuestro quehacer cotidiano. Por ejemplo, hoy somos más conscientes de los males que tenemos en el mundo: la falta de agua, el cambio climático... Cuidar la Casa Común es no caer en la «globalización de la indiferencia». La esperanza es combativa, y la misericordia creativa. Los cristianos podemos acompañar a tantas personas cansadas y heridas que se hallan a nuestro alrededor. Ser signos de esperanza con estos hermanos. Quizá no estemos preparados para fabricar una bomba de amor... pero cada individuo lleva en su interior un poderoso generador de amor que, al liberarse, todo lo puede y lo transciende. El amor siempre vence.
Una magnífica obra para leer y sentir las caricias de Dios en el año jubilar de la Misericordia. escrita con un estilo claro, ameno y muy cercano. Lleno de anécdotas personales, iniciativas individuales y otros testimonios que hacen la lectura muy entretenida. Lo recomiendo a toda persona que desee reconciliarse consigo mismo y con los demás.
Si quieres adquirir un ejemplar: https://gcloyola.com/?post_type=product&p=8337


No hay comentarios:
Publicar un comentario