Homenaje a la hermana Teresa, hija de san Pablo.
«De todo se aprende», repetía con frecuencia. «Nadie está en posesión exclusiva de la verdad».
Sentada en su silla, frente al ordenador y con una pila de libros al lado, pasaba el día fichando obras, leyendo, recomendando títulos y conversando con quienes se acercaban a la librería. Tenía una memoria impresionante. Y no solo para recordar autores y títulos. Recordaba a mi familia, a cada uno de sus miembros; me preguntaba por aquel problema o aquella dificultad que yo le había confiado
