Erviti, Carlos: El pulso de las estrellas. Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2025. 314 páginas. XLIV Premio de Novela Felipe Trigo.
Hace ya varios meses, tuve la oportunidad de asistir a la presentación de El pulso de las estrellas, la primera novela de Carlos Erviti, celebrada en la Escuela de Escritores de Madrid, el 30 de mayo de 2025. El acto estuvo presentado por Bárbara Gil (gran escritora también y perfecta anfitriona) y reunió a un buen número de lectores y amigos del autor. Tengo que reconocer que llegué con curiosidad, pero también con cierta prudencia. No siempre es fácil saber qué se va a encontrar uno en una primera novela. Sin embargo, conforme avanzaba la presentación, fui comprendiendo que detrás del libro había un proyecto literario trabajado con paciencia y con un notable cuidado por la forma narrativa.
Carlos Erviti no procede originalmente del mundo de la literatura. Es ingeniero de formación, lo cual, lejos de ser una circunstancia irrelevante, ayuda a entender algunos rasgos de su manera de escribir. Durante la presentación se insistió en una idea que, aunque parezca evidente, conviene recordar de vez en cuando: el escritor no nace, se hace. En el caso de Erviti, esa afirmación parece especialmente adecuada. Su manera de concebir la novela revela un interés claro por la estructura del relato, casi como si estuviera diseñando una construcción. De hecho, se llegó a comentar que, por la forma en que organiza la arquitectura narrativa de la obra, bien podría haber sido arquitecto.
Desde el punto de vista estilístico, El pulso de las estrellas se sitúa en un territorio interesante. Se habló de una prosa con rasgos poéticos y de una cierta riqueza de vocabulario. Al mismo tiempo, la novela se mueve entre dos tradiciones literarias que no siempre resulta sencillo combinar: el costumbrismo y el realismo mágico. En algunos momentos se perciben ecos de autores como García Márquez, Isabel Allende o Vargas Llosa. Naturalmente, no se trata de comparaciones directas, sino más bien de influencias que ayudan a situar el tono de la obra.
El punto de partida de la novela es ya significativo. El primer capítulo nace de una imagen poderosa: la tabla de un náufrago asociada a la experiencia del rescate. Esa imagen funciona casi como una metáfora de fondo para toda la historia. Durante la presentación se recordó una cita de Séneca a modo de epígrafe (de Epístolas a Lucilio) según la cual "la sociedad se parece a una bóveda que se desplomaría si unas piedras no sujetaran a otras, y solo se sostiene por el apoyo mutuo". La idea encaja muy bien con el planteamiento de la novela, donde las relaciones humanas desempeñan un papel central.
La acción se desarrolla a lo largo de cuatro tramas ambientadas en el verano de 1982. El protagonista, Daniel, pasa esa temporada en un pueblo imaginario que remite claramente a entornos rurales reales vinculados a la memoria familiar del autor. Allí se encuentra con una serie de conflictos, sobre todo de carácter familiar, mientras vive también la experiencia de un amor adolescente. En torno a él aparece una amplia constelación de personajes: amigos del pueblo, familiares, gitanos que proyectaban cine en la localidad, un tío con un papel importante en la historia y una hermana que huye de casa.
Todo ello configura una novela que, en cierto modo, puede leerse como un relato de tránsito vital. Daniel se encuentra en una etapa de paso entre dos momentos de la vida. Sin embargo, el autor insiste en que el libro no está pensado para una edad concreta. No es una novela juvenil ni una novela generacional en sentido estricto. Más bien se trata de una historia que puede ser leída desde distintas etapas de la vida.
Uno de los temas que aparece con más fuerza en la obra es la compasión. Durante la presentación se habló de ella como uno de los motores de la humanidad. Esta idea se ilustró con una pequeña historia situada en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Un niño alemán, de once años, huye hacia el oeste junto a su abuela. En el camino se ven obligados a abandonar casi todas sus pertenencias porque el caballo que los acompaña no puede cargar con tanto peso. El niño rompe a llorar. Entonces su abuela le dice algo muy sencillo: “No te preocupes, lo importante lo llevamos en el corazón”. Esa frase resume bastante bien el trasfondo moral que parece recorrer la novela.
Otro elemento importante es la presencia de la naturaleza. El paisaje, el ferrocarril, el balneario o los espacios rurales no aparecen solo como decorado, sino como lugares que influyen en la experiencia de los personajes. En cierto modo, funcionan como ámbitos que favorecen la contemplación y la reflexión.
Desde el punto de vista técnico, la novela introduce también un cierto juego con los narradores, cambiando en algunos momentos el punto de vista desde el que se cuenta la historia. El propio autor reconoce que uno de los mayores retos del proceso de escritura ha sido lograr una transición equilibrada entre el costumbrismo y el realismo mágico, así como dotar a cada personaje de una voz propia. También menciona la dificultad de manejar el ritmo narrativo, alternando momentos de mayor intensidad con otros más pausados.
En cuanto al propio Carlos Erviti, durante la presentación se percibió una actitud muy agradecida hacia la Escuela de Escritores, donde ha desarrollado parte de su formación literaria. Ha escrito numerosos relatos, aunque reconoce que conserva solo algunos de ellos. También comentó que ahora escribe en una etapa de su vida en la que dispone de más tiempo y, sobre todo, de más sosiego.
Después de escuchar la presentación y de conocer algunos aspectos de la obra, la impresión que queda es clara: El pulso de las estrellas quiere ser una novela reposada. Una historia que invita a detenerse, a mirar con calma las relaciones humanas y a encontrar en la memoria, en la naturaleza y en la compasión posibles claves de sentido para la vida.
En una época en la que muchas narraciones buscan la rapidez y el impacto inmediato, resulta interesante encontrar una novela que apuesta por el ritmo pausado y por la contemplación. Tal vez por eso el título del libro no sea casual. A veces, para percibir el pulso de las estrellas, hace falta simplemente detenerse un momento y mirar hacia arriba.
Gracias, Carlos, por tan extraordinaria novela. En esta ocasión has ganado el Premio de Novela Felipe Trigo. ¿Cuál será el siguiente? Nos vemos en la próxima novela.


No hay comentarios:
Publicar un comentario