martes, 24 de febrero de 2015

Miguel García-Baró: Descartes y herederos. Por Olga Belmonte

García-Baró, Miguel: Descartes y herederos. Introducción a la historia de la filosofía occidental. Sígueme, Salamanca, 2014. 222 páginas. Comentario realizado por Olga Belmonte.

Después de Sócrates y herederos (Sígueme, 2009), el profesor Miguel García-Baró publica Descartes y herederos. Ambas obras forman parte de la introducción a la historia de la filosofía que su autor ha dividido en tres partes. La próxima y última parte llevará como título Kant y herederosEn los dos trabajos que ya han visto la luz, el autor se propone revisar la historia del pensamiento tratando de reconocer en ella las bases, las ideas que permiten comprender mejor nuestro presente y afrontar con responsabilidad nuestro futuro. 

El primer volumen se centró en la filosofía antigua y medieval, en este caso el autor nos introduce en la filosofía moderna, tomando a Descartes como el pensador principal desde el que desarrollar tanto los antecedentes como los herederos. La obra está dividida en cinco capítulos. El primero de ellos es una introducción sobre la edad moderna. El segundo se centra en el pensamiento de Descartes. El tercero presenta a los que, junto con Descartes, son considerados los máximos exponentes del racionalismo clásico: Malebranche, Espinosa y Leibniz. El cuarto capítulo se ocupa del empirismo clásico, de la mano de Bacon, Tomás Moro, Hobbes, Locke, Berkeley y Hume. Finalmente, en el último capítulo se introduce la filosofía de Pascal, Rousseau, Voltaire, Montesquieu y G. Vico. 

La exposición no ofrece una visión clásica de cada autor, de forma compartimentada y desvinculada del resto de pensadores contemporáneos, sino que logra mostrar el hilo conductor, la temática común que aborda cada uno de los autores desde perspectivas diferentes. Esta aproximación temática permite reconocer mejor la continuidad del pensamiento y la confluencia entre los autores, que lejos de pensar de un modo aislado y solitario, dialogan continuamente con sus contemporáneos, no solo en el marco de la filosofía, sino en el horizonte abierto de todas las disciplinas. 

Hoy día la tendencia a la especialización, no solo en las áreas de la filosofía, sino de cada disciplina, dificulta el auténtico diálogo, en el que el pensamiento se enriquece y las perspectivas se entrecruzan. La interdisciplinariedad no se reduce a compartir conocimientos (saber lo que otros investigan), sino que implica atreverse a caminar juntos en la búsqueda no solo de respuestas, sino de nuevas preguntas (investigar con otros). Esta lectura nos recuerda un pasado en el que la interdisciplinariedad era imprescindible para la búsqueda de la verdad. 

La discusión sobre cuestiones científicas, filosóficas o teológicas era el germen de un pensamiento siempre renovado e integrador. Esto no significa que los autores llegaran siempre a acuerdos, pues en muchas ocasiones nos encontramos ante disputas irreconciliables. Precisamente el autor considera que muchas de las catástrofes que se produjeron antes y después del siglo XVI se dieron de la mano de determinados errores sofísticos y de los excesos de la fe religiosa. Para reconocer tales errores no hay que abandonar la aventura del pensamiento, sino aprender a pensar mejor y realizar una exégesis de las propias creencias, siempre en diálogo con las circunstancias. La creciente especialización nos impide tener una mirada integradora, una visión global de lo humano, lo divino y lo mundano. Quizá estas revisiones de la historia del pensamiento nos ayuden a recuperar el verdadero sentido de una mirada interdisciplinar. 

Miguel García-Baró
Otro de los rasgos que caracterizan tanto esta introducción como la anterior, es el hecho de que su autor no se mantiene separado de la discusión que presenta, sino que dialoga también con ella, conectándola así con las inquietudes y las preguntas del presente. El lector reconocerá que no solo se expone el pensamiento de los filósofos clásicos, sino que el propio autor del libro se posiciona ante cada corriente, cuestionando o reconociendo el rigor filosófico de cada nuevo planteamiento. Esta aproximación a la historia de la filosofía es coherente con el modo en que el profesor García-Baró concibe la filosofía: es «el empeño de tomar sobre sí, cada uno, la plena responsabilidad respecto de las verdades en las que está sosteniendo su vida» (p. 11). 

En este libro encontramos una definición de lo que el profesor García-Baró entiende por filosofía, que refleja claramente el modo en que desarrolla sus introducciones a la filosofía: «La filosofía es profundamente sencilla y maravillosamente apasionante; pero necesita ser seguida muy despacio, a base de muchos ejemplos: contando con que quien la escucha, la lee o la elabora está trabajando intensamente en la comparación constante entre los pensamientos filosóficos y su experiencia real y cotidiana. En cuanto la atención se fatiga, más vale suspender la lectura. O mejor aún: volver atrás, tomar papel y lápiz y escribir notas, esquemas, definiciones, a la vez que también se anota lo que uno mismo, el lector, empieza ya a pensar por propia cuenta, quizá separándose de su guía. Porque la libertad, el trabajo y la responsabilidad son factores esenciales de la filosofía» (p. 47). Y son también los factores que inspiran y se encuentran en la base de las páginas de esta obra.


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