lunes, 18 de febrero de 2013

Jack London: Asesinatos, S.L. Por Javier Sánchez

London, Jack: Asesinatos, S.L. Alianza Editorial, Madrid, 1980 (original de 1963). Biblioteca London 0938. 238 páginas. Traducción de Carmen Criado. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Esta novela que hoy comentamos es una de esas que te dejan huella y que te hacen pensar. Hace ya bastante tiempo, cuando yo era estudiante de Filosofía (estaba en tercero), me la recomendó Carlos Thiebaut, a la sazón profesor de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid. Aparecía incluida en la bibliografía que nos dio a comienzos de curso. Al principio, obviamente, nos pareció una broma del profe, pero no lo era. De hecho, esta novela fue ampliamente discutida en clase, y vive Dios que le sacamos su jugo. Posteriormente, siendo yo profesor, la he puesto como lectura obligada en algunos cursos de Ética y de Filosofía de Bachillerato. A los chavales les encantaba, y se ponían a discutir sobre la novela tanto en clase como en los recreos. Era sinónimo de éxito seguro.
Con el devenir del tiempo, yo he recomendado vivamente la lectura de esta obra a mis amigos y creo que a todos les ha encantado. De ahí que quiera comentarla en estos momentos. Por cierto, aprovecho para decir que presté mi ejemplar a alguien y no me lo ha devuelto. Pero como ha pasado tanto tiempo (y hace ya mucho que perdí la esperanza de recuperarlo), me planteé volverlo a comprar. Pero no hizo falta. Mi amigo Juan Carlos Velasco se presentó un día en casa con un regalo para mí. Al abrirlo, me llené de alegría. Efectivamente, era un ejemplar de Asesinatos S.L. Algún pajarito le debió contar algo, cosa de lo que me alegro infinito. 

Muchos de vosotros, por no decir todos, conocéis a Jack London. Pienso que no hace falta presentarlo mucho. De las más de cincuenta novelas que escribió, probablemente las que más suenen sean Colmillo blanco o La llamada de lo salvaje, novelas ambientadas en Alaska en las que nos narra la amistad de un niño con un lobo. Además, Hollywood las ha llevado al cine, y creo que todos las habremos visto más de una vez en la pequeña pantalla. Por eso no insisto más en ese tema. Sin embargo, no todo el mundo conoce Asesinatos S.L. Esta novela tiene la particularidad de que comenzó a escribirla Jack London en 1910 y la dejó inconclusa. ¿Por qué? Entre otras cosas porque no supo encontrarle un final coherente a la historia (cuando os cuente el argumento lo comprenderéis perfectamente). Tras su muerte en 1916, Jack London dejó unas 20.000 palabras escritas que cayeron en el olvido. Fue en 1963 cuando el escritor estadounidense Robert L. Fish se hizo con el manuscrito y decidió terminar la obra. Por este motivo, Asesinatos S.L. vio la luz ese año (me imagino que alguna mente preclara se habría dado cuenta de que no coincidían los años de la muerte de London y la publicación de esta obra). En 1969 se hizo una adaptación cinematográfica protagonizada por Diana Rigg, Oliver Reed, Telly Savalas (el gran Kojak) y Curt Jurgens, que fue nominada para los Globos de Oro (aunque creo que no se llevó ninguno).

Iván Dragomiloff es un hombre de negocios que ha montado una empresa que se llama "Asesinatos, Sociedad Limitada". Su objetivo, obviamente, es eliminar personas. Sin embargo, lo característico y peculiar de la empresa es su código deontológico:
1.- Solamente se acepta un encargo si se demuestra que el mundo será mejor sin la persona que el cliente quiere eliminar.
2.- Una vez que se acepta un encargo, debe seguirse hasta el final (no hay marcha atrás) pase lo que pase.
3.- Si el agente asignado a un caso perece, este pasa automáticamente a otro agente que se encuentre disponible.

Jack London
Curioso, ¿no? Ahora viene el nudo. Winter Hall es un joven anarquista que quiere contratar los servicios de la empresa "Asesinatos S.L.". Para ello, concierta una entrevista con el director de dicha agencia de asesinos, Iván Dragomiloff. Sin llegar a decir el nombre de la persona que quiere que eliminen, Hall demuestra a Dragomiloff que el mundo sería mejor sin esa persona. Cuando Dragomiloff acepta, este descubre que es él mismo la persona que su propia empresa tiene que eliminar. Por otra parte, Hall está enamorado de una joven llamada Grunya y le propone el matrimonio. Grunya acepta, y piensa que sería bueno que Hall conociera a su padre en una cena en un lujoso restaurante. La sorpresa es mayúscula: el padre de la chica es el director de la empresa asesina, Iván Dragomiloff. En su estupor, Hall se da cuenta de que Grunya desconoce a qué se dedica su padre. Aquí ya nos encontramos con el primer dilema ético: Hall no quiere que muera su futuro suegro. Por ello, se desdice, no quiere que la empresa asesina continúe con su encargo. Dragomiloff, que ya ha matado a varios de sus agentes para poder seguir con vida, le recuerda el código deontológico, según el cual no puede haber una marcha atrás una vez aceptado el caso.
La novela es trepidante. Dragomiloff contra todos sus agentes. Finalmente, cuando este ha podido con toda su empresa, cuando el único agente que queda es él mismo, se le plantea el segundo dilema ético, el definitivo: ¿debe suicidarse, y cumplir con su misión de acuerdo con sus normas éticas, o seguir con vida, abandonar el caso y renunciar a los fundamentos morales que han regido toda su existencia?

No cuento más. Supongo que ahora entenderéis por qué Jack London no terminó la novela. El debate está servido. Lo que está en juego es la propia fundamentación de la ética. Los partidarios de las éticas materiales frente a los de las formales. Aristóteles contra Kant. Pero, ¡ojo!, en función de la solución que le des al dilema estarás justificando o no determinadas cosas que son tan criticables como sus contrarias. Con otras palabras, el temita se las trae...

Así pues, nos encontramos con una novela de suspense, de acción, de planteamientos éticos y morales contundentes. Yo la he leído varias veces y me sigue atrayendo horrores. Por tanto, no te asustes si ves que no puedes parar de leer. Que la disfrutes.

PD.- He puesto esta obra en "Novelas" (porque lo es) y en "Ensayos" (aunque no lo sea). El objetivo es, llegado el caso, separar las novelas con contenido filosófico de las que no lo tienen.


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