lunes, 11 de mayo de 2026

Enrique Sanz Giménez-Rico: Señor, roca mía, escucha mi voz. Por Marta Medina Balguerías

Sanz Giménez-Rico, Enrique: Señor, roca mía, escucha mi voz. Lectura continua y concatenada de Salmos 1-30. Verbo Divino - UPCo, Estella - Madrid, 2014. 288 páginas. Comentario realizado por Marta Medina Balguerías.

«¿Otro libro sobre los salmos? ¿Un comentario más?» (p. 11). Así comienza la introducción de este libro, donde el autor reconoce que son muchos y buenos los comentarios a los salmos que se han hecho en los últimos años. No obstante, Señor, roca mía, escucha mi voz tiene como objeto un acercamiento a los salmos fundamentado en varios aspectos del salterio que no se han tenido muy en cuenta en dichos estudios: la importancia de leer el salterio como totalidad y considerar cada pieza desde el conjunto; la lectura continuada de los salmos, teniendo en cuenta que están concatenados unos con otros, y la consideración del salterio como un libro de meditación y oración personal en el que se presenta un camino o itinerario de oración que el lector puede hacer suyo. 

Enrique Sanz Giménez-Rico, jesuita, fue decano de las facultades de Teología y Derecho Canónico en la Universidad Pontificia Comillas, donde enseñó diversos cursos sobre el Antiguo Testamento. Su amplio conocimiento de la teología bíblica veterotestamentaria queda manifiesto en esta obra, que, como él mismo señala, tiene un carácter fundamentalmente técnico. Por este motivo, y aunque declara que el libro va dirigido a todas las personas que están descubriendo la riqueza del salterio como libro de meditación y oración, también recomienda que el lector que se acerque a él tenga ciertos conocimientos de lectura del Antiguo Testamento. 

El libro está estructurado en tres partes. La primera trata sobre la composición progresiva del salterio y su estado final. El autor presenta tres modelos de lectura o interpretación del salterio (concatenación de los salmos, disposición de los mismos según su título y disposición del salterio por colecciones) y concluye que, si bien cada salmo puede estudiarse como pieza individual y puede tener una u otra procedencia, en su forma definitiva el salterio ha de entenderse como una totalidad con unas características determinadas; entre ellas, que no es un libro de carácter cultual, sino un libro de meditación u oración personal. En la segunda parte, el autor estudia los treinta primeros salmos utilizando, sobre todo, el método de lectura de la concatenación, es decir, buscando los elementos comunes entre los salmos (términos, temáticas, etc.) que permiten ir relacionándolos unos con otros, de manera que adquieran distintos sentidos o matices que si se leyeran por separado. Primero estudia los salmos 1 y 2, que funcionan como «pórtico» del salterio, y después las tres primeras colecciones: Sal 3-14; 15-24 y 25-30. La tercera y última parte del libro es una síntesis de los elementos teológicos estudiados en la segunda parte. El autor se centra aquí, principalmente, en la importancia de la confianza en Dios a lo largo de estos treinta salmos y en la petición y la alabanza como formas que tiene el orante de dirigirse a Dios e ir acercándose a su ser más propio. Además de incidir en estos dos ejes, en esta última parte se retoman algunos conceptos que han sido relevantes en los salmos estudiados, como la pobreza del orante, sus enemigos, la actuación de Dios, el valor de la reiteración de la petición, etc. 

En suma, es un buen libro para profundizar en los salmos y descubrir en ellos nuevos aspectos que surgen de leerlos de forma continua. Aunque el estilo es asequible y claro, el carácter técnico de la obra puede requerir ciertos conocimientos previos para adentrarse en ella con mayor éxito.


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