domingo, 26 de mayo de 2013

Mercedes Nasarre: Yo también estaré contigo cuando llores. Por Javier Sánchez

Nasarre Ramón, Mercedes: Yo también estaré contigo cuando llores. Pirineo, Huesca, 2013. 193 páginas. Comentario realizado por Javier Sánchez.

El 27 de abril de 2012 publicaba un comentario en el blog sobre la primera novela de Mercedes Nasarre: Un psiquiatra se pone a rezar (ver aquí). En dicho comentario ya hacía una presentación de la autora; como consecuencia, os remito a lo dicho en él.
A raíz de esa reseña, una semana después (yo estaba de viaje en Taizé), me sorprendió encontrarme con un comentario en el post realizado por la propia autora  (podéis leerlo si pincháis en los "comentarios" de la reseña en cuestión). En él, la autora me agradecía el hecho de haber comentado su obra y, cosa que me sonrojó un poco, el haber captado el sentido profundo de su novela.
Un año después nos encontramos con su segunda novela: Yo también estaré contigo cuando llores. La propia editorial Pirineo, a instancias de Mercedes Nasarre, me mandaba un ejemplar a casa. No gano para sorpresas (¡gracias, Mercedes!). Pocos días después, aparecía en Eclesalia una entrevista que le hicieron a la autora. Me gustó tanto esa entrevista, que la publiqué tal cual en el blog (ver aquí). Te la recomiendo vivamente. En cualquier caso, y justo porque la autora ya ha presentado su novela en el comentario anterior, yo quiero referirme casi exclusivamente a lo que me ha aportado su lectura.

Mercedes Nasarre, en Un psiquiatra se pone a rezar, ya indagaba en las profundidades del ser humano. De una manera clara, desde las modernas tendencias psicológicas, establecía cuatro niveles de realidad: el cuerpo (realidad física), la mente (inteligencia sin más), las emociones (inteligencia emocional) y el espíritu (inteligencia espiritual). La madurez y plenitud (felicidad) de una persona sería el resultado del equilibro de las cuatro dimensiones vividas plenamente. Dado esto por supuesto, en Yo también estaré contigo cuando llores nos presenta un caso concreto, el de la protagonista, Rebeca, una joven de veintidós años que está sumida en una profunda depresión. Toda la novela está escrita en primera persona. La narradora es la propia Rebeca. Esto le da una fuerza indescriptible al relato.
Rebeca decide suicidarse. Se arroja por la ventana de su casa. El comienzo es terrible. No acabas de sentarte en el sillón para empezar a leer y ya te ha cautivado. Rebeca decide suicidarse porque siente un vacío enorme que la inunda por completo. No consigue pensar, cualquier actividad (como hacerse un café) le parece un asunto inmenso, tremendo. Todo se vuelve gris, y luego negro. Evidentemente, no muere. Pero todo lo que la constituye como ser humano (las cuatro dimensiones que indicamos anteriormente), están destrozadas, aniquiladas, reducidas a cenizas. La tarea de reconstrucción es terrible. Necesita tiempo. Pero no ve el camino. Recuperada mínimamente de sus heridas físicas, comienza una terapia con Carlos Lisieux, el psiquiatra protagonista de Un psiquiatra se pone a rezar. Este no juzga, no valora, no orienta. Se limita a escuchar, a aceptar a Rebeca como es. A darle amor y seguridad. Quiere conectar con ella para entender, para que la propia Rebeca descubra cuál es su camino. La tarea no es sencilla, es ardua. El camino es muy largo. ¿Cuánto tiempo necesita un ser humano para reconstruirse como persona? Supongo que cada uno tiene su ritmo. La paciencia es una virtud esencial. Y Carlos Lisieux (cuyo proceso interior ya conocemos por la primera novela de Nasarre) está dispuesto a acompañar lo que haga falta.
No quiero contar más del argumento de la novela. Sí quiero resaltar una metáfora preciosa que Nasarre utiliza para que entendamos el proceso de recuperación de Rebeca y sepamos en cada momento en qué nivel se encuentra: la escultura. Rebeca es estudiante de Bellas Artes y le encanta esculpir. Siente una energía interior que la redime cada vez que esculpe. Así, en las cercanías del pueblo de sus padres, descubre una piedra enorme que ella considera ideal como base para realizar su obra de arte. Cómo trata la piedra (golpea, lima, da con el cincel, pule...) es toda una metáfora de su proceso interior. Al final, cuando la obra de arte está terminada (cuando ella ha salido de su proceso autodestructivo y ha recuperado su equilibrio interior), todo el mundo, incluido el catedrático de su facultad, reconoce que el resultado ha sido una auténtica maravilla. Igual que Rebeca.

Mercedes Nasarre
Varias son las tesis que subyacen en esta novela:
- En lo íntimo, pase lo que pase, siempre es posible la transformación.
- De la depresión se puede salir y entonces se puede comprender que el mundo es algo más que lo superficial.
- La vida tiene en sí misma la capacidad de transformarnos, pero muchas veces no estamos abiertos, permanecemos bloqueados en nuestro propio yo, inmersos en nuestra maraña psíquica.
- Solo desde la fragilidad podemos conectar con lo más auténtico y amoroso de nosotros mismos y, de esa forma, nos volvemos más humanos, sensibles y compasivos.
- En el camino de la vida, siempre necesitamos estar acompañados.

Nos encontramos, pues, con una novela de fondo. Una novela que te sumerge en las profundidades más abisales del corazón humano. Siempre es posible la transformación. Siempre es posible la redención. Para ello, conviene conectar con lo más oscuro que hay en nosotros. Solo así es posible la salida. Te invito a que te identifiques con Rebeca, y que luego reflexiones sobre ti mismo. El resultado es emocionante, y muy edificante, pues esta novela rezuma esperanza. ¿Te atreves?

Aquí termino. Solamente me queda por decir que Mercedes Nasarre quiere presentar su segunda novela en varias ciudades españolas, en esta ocasión también en Madrid. Cuando sepa algo del tema, ya os lo diré. Por lo que me ha comentado la autora, no será antes de septiembre. 


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