lunes, 16 de noviembre de 2015

Pedro Castelao: La visión de lo invisible. Por Javier Sánchez

Castelao, Pedro: La visión de lo invisible. Contra la banalidad intrascendente. Sal Terrae, Santander, 2015. Colección “Presencia Teológica” 219. 176 páginas. Prólogo de Andrés Torres Queiruga. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Libro valiente, osado, atrevido. El título ya nos habla de límites que están llamados a ser trascendidos. Nos invita a algo que, a priori, se nos aparece como antitético, inasumible por el ser humano. El subtítulo, por otra parte, tiene algo de agresivo (“contra…”), de inconformista. ¿Es posible, en nuestro líquido presente, enfrentarse a algo si no es desde una presencia que, al menos, podamos intuir como mínimamente sólida? Este es el quid de la cuestión.

Pedro Castelao (Ribera, 1975), profesor de antropología teológica en la Universidad Pontificia Comillas, no lo duda. Y como laico, padre de tres hijos (en pocos libros un autor se retrata tanto como en este), se ve en la necesidad de plantear ciertas cuestiones que puedan ayudarles a orientar sus vidas desde una apertura a la trascendencia. El objetivo es que, cuando estos sean mayores, puedan leer lo que les ha escrito su padre y que su lectura les pueda “ayudar a descubrir la presencia del Absoluto que todo lo sostiene”.

Así pues, el autor plantea un itinerario jalonado en cinco partes, que forman como un “semicírculo, un arco o una parábola”. El capítulo 1 (Todos buscamos al Absoluto. La razón religiosa y el trasfondo de lo finito) marca un movimiento inicial de ascenso. Se trata de tomar conciencia de todo lo que nos rodea y que no podemos percibir: la visión de lo invisible. El capítulo 2 (La búsqueda de Anselmo. La razón metafísica y el Único Necesario) se centra en el argumento ontológico que san Anselmo planteó en el siglo XI y con el que trata de mostrar la existencia de Dios a partir del propio concepto que tenemos de Él como el ser mayor más allá del cual nada puede ser pensado. Tras un análisis pormenorizado del tema, el autor concluye que «su ausencia categorial es su particular forma de presencia. A esto lo llamo carácter ultracreatural de Dios. Esto es lo que significa trascendencia». 


Por su parte, el capítulo 3 (La búsqueda de Kant. La razón trascendental y las teofanías especulativas) plantea este mismo problema pero en el pensamiento de Kant, autor que no buscó tanto la presencia de Dios en su idea (de hecho, niega la validez del argumento ontológico) cuanto la realidad de esa idea. Para ello, tras poner límites al conocimiento en su Crítica de la Razón Pura, tratará de encontrar una salida en la ética en su Crítica de la Razón Práctica. ¿Conclusión? Dios es ultracreatural, pero sabemos de Él gracias a su teofanía especulativa

Acto seguido, el capítulo 4 (Buscar a Dios en todas las cosas. La razón teológica y la presencia de Dios) se centra nuevamente en la cuestión de Dios, en su presencia y en su ausencia referidos al espacio y al tiempo; en sus modos de presencia (externa, interna y envolvente) y en su auténtico modo de estar presente. Para ello, para poder captar a Dios en todas las cosas, es necesario tener en cuenta varios aspectos: nos hace falta un nuevo concepto de “infinito”, una lógica del verdadero infinito, una lógica de la creación y una lógica de la percepción mística. Solo desde ahí podemos afirmar que «percibimos lo invisible en toda captación visible». 

El capítulo 5 (Los artistas como buscadores del Absoluto. La razón estética y la fluidificación de la vida) describe el movimiento descendente de la parábola haciéndonos retornar a la visibilidad tangible de las cosas que nos rodean. Tomado de la mano de las teorías estéticas de Ortega y de Bergson, el autor concreta sus intuiciones en la obra escultórica de Antoni Tàpies. El arte no es ajeno a todo lo tratado anteriormente, pues alude directamente a la captación viva y activamente acogedora de aquello que se manifiesta desde sí mismo. El arte, por tanto, aparece como un privilegiado camino de encuentro con lo inefable y lo innombrable. Lo mismo ocurre con la naturaleza. 

Para finalizar, el epílogo recoge una intuición central de todo este ensayo que, no obstante, solo aparece de modo transversal en cada capítulo: «el carácter variado y múltiple de nuestra razón».

Libro valiente, osado, atrevido. Así empezábamos y así concluimos. Pero libro necesario en los tiempos que corren. Lo líquido inunda nuestro ambiente. Aunque no nos llegara a afectar como intelectuales, ¿no nos dejará por ello de preocupar como padres? El camino está marcado, y la invitación está ahí. Gracias por ello.



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