martes, 30 de abril de 2013

Chris Bachelder: A propósito de Abbott. Por Javier Sánchez

Bachelder, Chris: A propósito de Abbott. Libros del Asteroide, Barcelona, 2012 (original de 2011). 277 páginas. Traducción de Ismael Attrache. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Pues eso, que entre col y col lechuga. No todo van a ser libros superserios de teología y espiritualidad. De vez en cuando le viene bien al intelecto algo de literatura plana, que relaje neuronas y te haga pasar un rato agradable. Esto es lo que me ha sucedido con este libro. Lo compré después de Navidad con el objeto de que, cuando estuviera agotado intelectualmente, me hiciera compañía y me dejara a punto para afrontar otros horizontes. De hecho, reconozco que lo que me llamó la atención de él fue el dibujo de la cubierta: un tipo que lleva un cesto de la ropa sucia repleto, mientras en la mano derecha (en la muñeca) sostiene un sonajero, con el brazo izquierdo lleva el capacho con un bebé durmiendo, y está a punto de pisar el típico patito de goma amarillo de los niños. Increíble. Parece un funambulista que lleva todo en un equilibrio inestable que, en cuestión de segundos, va a desaparecer, organizando una buena. Enseguida me sentí reconocido, no por mi situación actual (mis hijos ya son mayores), sino por la que viví hace años, sobre todo cuando nació mi segundo hijo, que se lleva poco tiempo con la mayor. Anécdotas tengo un puñado, pero este no es el momento de contarlas. En cualquier caso, sí que recuerdo que lo mejor del día era cuando se hacía el silencio en casa y disponías de escasos momentos para ti y para la madre de las criaturas. En fin, recuerdos...

De todo esto va este libro. El autor, Chris Bachelder (Minneapolis, 1971), profesor de escritura creativa en la Universidad de Massachussets Amherst, centra su atención en una persona normal y corriente. Podríamos ser tú o yo. 
Abbott es un profesor universitario que se encuentra por delante las vacaciones de verano. Padre de una niña de dos años, está casado con una mujer que está embarazada y que tiene problemas de insomnio. Además está el perro, que le tiene miedo absolutamente a todo lo que se mueve, con independencia del tamaño que tenga, y también a lo que no se mueve (sin palabras). El hecho es que el pobre Abbott dispone de todo el tiempo del mundo (de hecho, el libro está dividido en tres partes, correspondientes a los meses de junio, julio y agosto -¡bonitas vacaciones!-) y trata de dar la talla en todos los frentes. Cuida la casa con esmero, aunque las cosas no siempre le salen como a él le gustaría. Por ejemplo, un día se olvida de ponerle crema solar a la niña y esta se quema (ni te cuento la que le cae); otro día (despistado él) la viste completamente de invierno en agosto (otra que le cae); en otra ocasión se le estropea la nevera y se pone a arreglarla (¿os imagináis cómo termina todo?); otro día se encuentra una serpiente en medio de su jardín (pies para qué os quiero, y encima el perro no ayuda...). En fin, es un hombre que le echa buenísima voluntad a todo, pero todo le sale entre regular y mal (como la vida misma). Conclusión: en un momento del verano Abbott se replantea su vida (cuando está limpiando el vómito de la sillita de su hija) y se dice a sí mismo: "Las dos proposiciones siguientes son ciertas: a) Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamentales de su vida, pero b) Abbott no soporta su vida". Yo creo que, en ocasiones, sobran las palabras...

Chris Bachelder
Ya ves, este libro no tiene nada de espectacular, ni te va a llevar a una trama complicada que te obligue a devanarte los sesos. No, ni mucho menos. Es tan natural como la vida misma. Eso sí, te verás (si tienes niños pequeños o los has tenido) reconocido en sus páginas, y te partirás de la risa. En serio, te ayudará a darte cuenta de que tus meteduras de pata domésticas son universalizables, y eso te llevará a recordarlas, a revivirlas, y a reírte de todo ello. Por tanto, libro recomendable para vacaciones, para un puente o (como fue mi caso) para llevártelo a urgencias a un hospital. La espera se me hizo muy suave. La gente me veía reír y no entendía qué podía pasarme. ¿Se habrá vuelto loco este tío? No, simplemente que estaba leyendo A propósito de Abbott. Que lo disfrutes.


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