lunes, 17 de noviembre de 2014

Jean Vanier: La fuente de las lágrimas. Por Javier Sánchez

Vanier, Jean: La fuente de las lágrimas. Un retiro de alianza. Sal Terrae, Santander, 2004 (edición original de 2002). Colección "El pozo de Siquem" 157. 181 páginas. Traducción de Milagros Amado Mier y Denise Garnier. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Hace ya algún tiempo, Jean Vanier fue invitado a ir a Santo Domingo a dar un retiro, el retiro de la Alianza de El Arca. Las palabras que pronunció tocaron el corazón de muchas personas, hasta el punto de que las transcribieron. Como consecuencia, y tras una revisión elaborada por Anne-Sophie, una amiga de El Arca, esas palabras de Vanier se convirtieron en un libro, en este libro.

Al comienzo de la obra, Jean Vanier se plantea lo siguiente: "¿Dónde se encuentra la fuente de las lágrimas? ¿De dónde vienen esas aguas que afloran repentinamente a la superficie de nuestra persona y que no podemos contener? Agua ardiente del dolor, agua amarga del remordimiento, agua dulce de la compasión, agua tranquilizadora del arrepentimiento y el consuelo, agua burbujeante de la alegría...; las lágrimas brotan cuando algo en nosotros se siente profundamente conmovido. Cuando estamos estremecidos o destrozados por el sufrimiento, por supuesto, pero también cuando nos sentimos afectados por el dolor ajeno, emocionados por la debilidad del otro, sobrecogidos por su angustia, o cuando estamos emocionados por el reencuentro, por el amor recibido o por el perdón otorgado. Cuando nuestros corazones de piedra se fisuran, brotan de ellos agua, como de la roca de Meribá brotó agua en el desierto (Ex 17,6). ¿De dónde nacen las lágrimas sino de lo más profundo y secreto de nuestro ser?".

Hacia esa fuente y ese secreto quiere llevarnos Jean Vanier a todos, utilizando ese retiro dado en Santo Domingo, porque nada de lo que dice en su obra está dirigido exclusivamente a ellos. En seis días que constituyen otros tantos capítulos, cada uno de ellos puesto bajo una invocación bíblica, nos propone, al ritmo de tres meditaciones al día, seguir de hecho un camino hacia nosotros mismos. No un camino de tristeza, sino un camino de verdad, consolación y esperanza. Porque junto a la fuente hay, desde toda la eternidad, Alguien que nos espera.

Jean Vanier con uno de sus amigos.
Con su particular forma de comunicar, Jean Vanier, partiendo siempre de sus vivencias personales en las comunidades de El Arca (donde conviven personas con o sin una deficiencia mental), nos ofrece un itinerario para llegar a la fuente. Este itinerario parte siempre de una llamada, una vocación, a la cual adherirse con fidelidad (capítulo 1), para descubrir después que eres amado por Dios y que, como consecuencia, te abrirás a los demás (capítulo 2). En ellos descubrirás tus propias heridas, tu pobreza, la cual debe ser acogida (capítulo 3) para entrar en la dimensión del amor (capítulo 4), que no está exenta de sufrimiento (capítulo 5). Sólo desde la apertura a la esperanza, la confianza y la ternura se podrá acceder a la fuente (capítulo 6).

Como ves, todo un camino de vida. Sé que vivimos en un mundo que nos arrastra a vivir exactamente lo contrario, pero estamos llamados a ir a contracorriente, como los salmones, solo así alcanzaremos la fuente. En ella está la felicidad. ¿Te animas? Hasta la próxima.


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