Mostrando entradas con la etiqueta Peter Sloterdijk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peter Sloterdijk. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de marzo de 2021

Peter Sloterdijk: La herencia del Dios perdido. Por Carlos Maza Serneguet

Sloterdijk, Peter: La herencia del Dios perdido. Siruela, Madrid, 2020. 280 páginas. Traducción de Isidoro Reguera. Comentario realizado por Carlos Maza Serneguet.

No es fácil clasificar el pensamiento de Peter Sloterdijk. Tampoco hay en él una voluntad de ser sistemático. Podemos imaginarlo —eso sí— escribiendo con una leve sonrisa socarrona, mientras pasa por la navaja de la observación y la reflexión “verdades” heredadas o impuestas por el ambiente cultural. En este libro, el filósofo alemán le da un repaso a lo que podríamos llamar “la herencia del Dios perdido”. Como si hubiéramos recibido legajos, fragmentos de una antigua creencia, y los escrutara con el fin de ver qué es lo que queda como posibilidad religiosa para la civilización y lo que de alguna manera ha sido falseado para siempre.

El libro toma nota en su primera página de algo que se ha desvelado con el tiempo: “nosotros, las civilizaciones, somos mortales”. La mortalidad no afecta solo al individuo, también lo hace a las culturas. Y lo religioso está dentro de ellas. Quizá echemos en falta en Sloterdijk el aliento de la experiencia espiritual que alimenta la fe —lo que de esta escapa siempre a cualquier explicación meramente psicológica o cultural—, pero no podemos negarle su capacidad para hincarle el diente a todo lo que la religión tiene de fenómeno “humano, demasiado humano”.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Peter Sloterdijk: Celo de Dios. Por Jaume Flaquer García

Sloterdijk, Peter: Celo de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos. Siruela, Madrid, 2011. 172 páginas. Traducción de Isidoro Reguera. Comentario realizado por Jaume Flaquer García (responsable Área Teológica Cristianisme i Justícia, Barcelona).

Peter Sloterdijk es uno de los filósofos alemanes más famosos y polémicos de la actualidad. En 2009, fue objeto de un ruidoso debate cuando propuso en un artículo dejar de coaccionar en el pago de impuestos y dejarlo de forma voluntaria. La izquierda le acusó de neoliberal puesto que los ricos escogerían pagar menos. Pero Sloterdijk se defendió diciendo que el hombre también es “dador” por naturaleza, y es posible extraer de los ricos también esta tendencia. El libro Fiscalidad voluntaria y responsabilidad ciudadana desarrolla estos pensamientos.

La editorial Siruela parece comprometida con el autor para traducirle su extensa obra y nos ofrece Celo de Dios. No es, en realidad, menos polémico pero la crítica contra la tendencia intrínseca totalizadora de la religión es un ethos común en nuestra sociedad actual. Por una parte, para el autor, la trascendencia es una proyección humana ante el “desconocimiento de lo tremendo” y “de lo lento”, es decir, el desconocimiento de la experiencia pasada y futura hace al hombre anticipar la respuesta en forma de discurso sobre la trascendencia y sobre lo escatológico. El autor se centra especialmente en los monoteísmos con vocación expansiva que se originan “en circunstancias de excitación maníaco-apocalíptica de sus fundadores”. El análisis psicológico de la experiencia de fe y de la misma historia de las religiones atraviesa todo el libro. Está convencido, junto con Nietzsche o Heidegger entre otros, de que “lo que se despacha normalmente como fe representa a menudo una especie de histeria” en la que “almas ambiciosas luchan por puestos de preferencia”. La religión crea un “suprematismo religioso” en el que la propia fe es el camino único para ascender a lo Supremo y lo Único. Si este se define de manera personal, los creyentes no pueden más que “ocupar el puesto de vasallos o colaboradores”. La asimetría más importante se expresa en el hecho de que “Dios permanece en última instancia inescrutable”, mientras que “los seres humanos no pueden tener ningún secreto ante Dios”.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Peter Sloterdijk: Los hijos terribles de la Edad Moderna. Por Eduard López

Sloterdijk, Peter: Los hijos terribles de la Edad Moderna. Sobre el experimento antigenealógico de la modernidad. Siruela, Madrid, 2015. 323 páginas. Traducción de Isidoro Reguera. Comentario realizado por Eduard López.

Après nous, le déluge. Así sentenció madame Pompadour en los tiempos decadentes del absolutismo francés, tan casposo como actual, aunque en otros términos. El filósofo alemán Peter Sloterdijk (Karlsruhe 1947) pone en cuestión las propuestas “sirénicas” de la sostenibilidad y del proyecto de futuro que proliferan hoy en día entre los diferentes estados. 
Esta obra, tan ardua como pertinente, procede del estudio de la historia y de las civilizaciones bajo tres categorías: pecado, genealogía y corrupción. En efecto, según el autor, sostiene cómo el peccatum originale o pecado hereditario (Erbsünde, en alemán), se ha recodificado en el vocablo “corrupción”. En el siglo XIX, con la emancipación del pecado original, se asiste a un proceso de secularización para hablar de algo tan antiguo como moderno: el pecado, ahora, como condicionamientos o esclavizaciones de la cultura, de las clases sociales o biológicas, que se van transmitiendo de generación en generación. Lo que está en juego es la libertad, el gran tema de la filosofía occidental y cómo esta se encuentra en una zona de riesgo o de peligro cuya quimera fue cantada por Rimbaud: “Il faut être absolument moderne”. En efecto, “estar a la moda” es la gran falacia que enmascara nuestras sociedades en detrimento de un proceso civilizatorio donde el progreso se rija por las costumbres. La moda conduce a la perdición de la condición humana. 
Finalmente, puede resultar un tanto original como blasfemo a los ojos del teólogo, el título dedicado a Jesús, “el bastardo de Dios” (pp. 187ss). Si en términos antiguos, del pecado hereditario el hombre se liberaba, el arrepentimiento y la construcción de la libertad mediante el aprendizaje son las vías resolutivas a la crisis corrupta que inunda la sociedad de la moda. Para algunos, “los hijos de Dios”, quienes se mueven en el terreno de la mística, revolucionan el mundo con la liberación antigenealógica, es decir, liberación de la corrupción. Para otros, será la pregunta, qué deseamos dejar a nuestros hijos, la que mueva la conciencia de continuidad y de duración.