martes, 19 de julio de 2016

José Ramón Amor Pan: Introducción a la bioética. Por Juan Masiá Clavel

Amor Pan, José Ramón: Introducción a la bioética. PPC, Madrid, 2005. 480 páginas. Prólogo de José Manuel Romay Beccaria. Comentario realizado por Juan Masiá Clavel.

La bioética nació como un movimiento, más que como una disciplina; como conversación pública, que se ha de llevar a cabo en foros cívicos. La obra presente nos ayuda a llevar a cabo esa conversación, debate y deliberación, sin dejarla exclusivamente en manos de especialistas, ni pasarse al extremo de una divulgación superficial. Esa es la mejor alabanza que podemos hacer de este estudio, concebido y realizado de manera que, siendo rigurosamente académico, sea asequible para cualquier persona que se tome en serio la participación ciudadana en la bioética como conversación.

Amor Pan, conocido por sus estudios sobre la discapacidad y por sus frecuentes contribuciones para presentar al público general los problemas recientes de la bioética, toma el relevo del papel de puente entre investigación e ilustración realizado por el añorado profesor Javier Gafo, de quien el autor fue mano derecha en la fundación de la Cátedra de Bioética de la UP Comillas hace ya casi veinte años.

Al autor le preocupa «el numeroso grupo de profesionales de la salud interesados por los dilemas éticos que el ejercicio cotidiano de su profesión les acarrea, las ganas de formarse en este terreno que manifiestan y, sin embargo, la frustración que expresan porque los materiales que encuentran en el mercado les resulatan aburridos, difíciles de entender y, en definitiva, se les caen de las manos». El que reseñamos aquí no se nos cae de las manos, sino responde al reto descrito en esas palabras. Paradójicamente, un lapsus editorial hizo que en la primera edición de la obra no apareciesen esas páginas de introducción. Felizmente, tras el éxito de ventas que agotó en poco tiempo la primera, hemos podido leerlas como obertura de la segunda edición unos meses después.

Las nociones básicas de ética y moral, la historia de la bioética y la reflexión sobre sus fundamentos están expuestas en tres capítulos iniciales muy pedagógicamente. Dos capítulos siguientes nos familiarizan con la deliberación en los comités de bioética, en el marco de una correcta relación de médicos y pacientes, así como de una asistencia socio-sanitaria que conjugue curar y cuidar, sin rebajas en materia de excelencia profesional. Pacientes crónicos, enfermos terminales, discapacidad, ancianidad y enfermedad mental están tratadas en unos capítulos que, armonizando ciencia y conciencia, manejan certeramente los datos biológicos, las aportaciones psicosociológicas y la reflexión ética para ayudarnos y obligarnos a pensar antes de decidir y elegir.

Dos capítulos sobre el uso de los recursos socio-sanitarios y sobre el respeto a la naturaleza y los animales amplían el horizonte desde la bioética a la ecoética y a la consideración de los problemas de la vida como problemas socioeconómicos, sociopolíticos y culturales. Más brevemente está tratada la temática de la reproducción asistida y la genética, sobre las que nos consta que el autor tienen bastante que aportar, a juzgar por las reflexiones hechas en otro estudio anterior sobre la sexualidad en situaciones de discapacidad.

Hay que apreciar también el equilibrio para hablar el lenguaje de la secularidad, a la vez que se proponen, sin imponerlas, las aportaciones desde el campo de la espiritualidad y las creencias. Esta capacidad para simultanear ambos lenguajes con una apertura equilibrada es especialmente recomendable, dado el contexto actual de este país, en que se crispa a menudo el debate bioético por culpa de «bioéticas confesionales» exageradas; esos excesos hacen flaco favor a la vida que pretenden proteger y desencadenan la reacción opuesta por parte de laicismos desproporcionados. También en este punto es ejemplar la metodología y pedagogía del autor.

Concluiré reiterando la contribución de esta obra a la citada conversación cívica sobre temas de bioética, que debería preceder a los debates parlamentarios. De ese modo se evitaría la crispación con que se bloquea en nuestro país, unas veces por razones políticas y otras por motivaciones pseudoreligiosas, el diálogo sereno sobre cuestiones controvertidas de vida, salud y ética.

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