Grün, Anselm: Pequeños ritos para la vida diaria. Mensajero, Bilbao, 2013. 92 páginas. Comentario realizado por Rosario Paniagua Fernández.
Anselm Grün es un maestro espiritual muy conocido, tiene numerosas obras con muy buena acogida y traducidas a cuarenta lenguas. Sal Terrae y Mensajero han publicado más de sesenta de ellas.
Grün considera en esta entrega que hay necesidad de ritos. El autor ha reflexionado sobre ello en diversas publicaciones y ha descrito algunos de ellos. En esta ocasión ha querido vincular unos determinados ritos a los siete días de la semana.
Los ritos cierran una puerta y abren otra: el de la mañana cierra la puerta de la noche y abre el nuevo día, para que pueda ser una jornada de bendición. El rito de la tarde tiene el sentido de cerrar la puerta del día, para que se pueda abrir la puerta de la noche. Destaca que para los monjes, desde la antigüedad, la noche es siempre una realidad sagrada; estiman profundamente la quietud de esas horas sin distracciones de la actividad; en el silencio, Dios habla; la noche es tiempo de salvación y muy propicia para la oración.
Los ritos pretenden ayudarnos a vivir cada día en sus características peculiares y a comenzar la jornada de tal modo que se conviertan en bendición y vivamos los días envueltos en la bendición de Dios.
En la tradición espiritual, cada día de la semana tiene su sello particular. Como trasfondo están, por un lado, los siete días en los que Dios creó el mundo. En cada uno de los siete días de la creación, Dios hizo una obra particular. Siguiendo los días de la creación, también nosotros podemos significar cada día un tema específico, para vivirlo desde esa perspectiva.
De otro lado, la tradición cristiana ha relacionado los días de la semana con la salvación realizada por Jesucristo. En esta línea de meditación, el autor distingue, sobre todo, los tres últimos días y el primero de la semana. El jueves, como el día de la institución de la Eucaristía; el viernes, la muerte de Jesús; el sábado, el día del descanso del Señor en el sepulcro; y el domingo, el día de la resurrección.
En la tradición eclesial se han relacionado también los otros días con determinados motivos: el lunes, la Iglesia recuerda a la Santísima Trinidad; el martes, a los ángeles; el miércoles, a San José; el sábado no es solo el día de reposo de Jesús en el sepulcro, sino que también y de manera especial está dedicado a la Virgen.
Desde esta dimensión, cada día tiene sus propias características, y esta característica peculiar es la que en esta obra Grün pretende convertir en experiencia mediante ritos insertos en la vida diaria.
En el libro ha seleccionado ritos para dos semanas y aconseja seleccionar del conjunto los ritos que más gusten y ejercitarlos cada día. En la obra, un rito matutino y un rito vespertino abren y cierran.
Todos los capítulos tienen la misma estructura: a cada día le asigna un rito, e incita a vivir en torno a él toda la jornada, recomendando unos textos bíblicos elegidos en función de lo que se quiere resaltar en tal jornada.
El libro puede ser adecuado para grupos juveniles, para jornadas de convivencia en las que se trata de fomentar la oración por medio de símbolos (una vela, una flor, partir el pan...). Más allá de esos contextos, en los que puede tener muy buena cabida y puede ser de gran utilidad como guía para los orientadores, no considero que pueda tener aplicación en una espiritualidad adulta, experimentada, en la que se busca lo esencial y con la sola Presencia basta.


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