miércoles, 1 de abril de 2026

Albert Vanhoye: Jesús, modelo de oración. Por Marta Sánchez

Vanhoye, Albert: Jesús, modelo de oración. Mensajero, Bilbao, 2014. 162 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.

Sorprende gratamente este estudio sobre cómo aprender a «tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús». El jesuita Vanhoye describe con hondura y profundidad cómo es la oración de Jesús tanto en su vida privada como pública.

El libro se articula en tres partes. Primero, hace un análisis exegético de los textos bíblicos que hablan de la oración de Jesús. Segundo, explica el sentido de los términos neotestamentarios para describir la oración. Y tercero, aclara el significado de la figura del sacerdocio de Jesucristo. Muestra la novedad de este ministerio en comparación con los sacerdotes judíos. Vanhoye comienza aclarando el lenguaje bíblico. Destaca que no hay términos propios para hablar de la oración de Jesús. Son actitudes de agradecimiento ante la sabiduría paradójica de Dios. Siempre comienza su oración dando gracias, bendiciendo y alabando al Padre. Es sobre todo en momentos de necesidad –como en la multiplicación de los panes– cuando Jesús da gracias por tener algo que ofrecer a los demás. Tiene una confianza absoluta en Dios. Todos sabían que no era sacerdote, aunque la catequesis cristiana primitiva reflexiona sobre la figura sacerdotal de Jesús. Su novedad es entregar su vida como ofrenda sacrificial, su muerte y resurrección. Los textos más significativos para profundizar en la oración comunitaria de Jesús están al final del Evangelio de Lucas y, sobre todo, en la Carta a los Hebreos. Ambos escritos hablan de su ministerio sacerdotal. Toda la vida de Jesús consiste en revelarnos la bondad de Dios. Fue llamado «amigo de publicanos y pecadores». Sabía que Dios quiere misericordia y no sacrificio ritual o inmolación de animales (Mt 9, 13). Aprendió la obediencia filial por lo que sufrió (Heb 5,8). Cristo resucitado cumple el oráculo de Ezequiel: «Os daré un corazón nuevo». Dios da gratuitamente su Amor a todos los hombres. En la Eucaristía se recuerda desde el principio este don. La misa es una acción litúrgica de agradecimiento y es la oración propia de Jesús. Todo creyente que participa en la eucaristía está reconociendo el amor del Padre. Dios no necesita nuestros regalos, sino nuestra debilidad o disponibilidad. Él llena el vacío del hombre con su Espíritu de Amor.

En conclusión, un libro fundamental y claro para contemplar con más conocimiento a Cristo. Una lectura imprescindible para sacerdotes y futuros presbíteros. Se lee fácilmente. Enseña a profundizar en el corazón de Cristo, fuente y centro de la nueva alianza entre Dios y los hombres. 


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