Aleixandre, Dolores; Monjas Trinitarias de Suesa y Herrero de Miguel, Víctor: Aventuremos la vida. Invitaciones a la vida consagrada. PPC, Madrid, 2015. 208 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.
Escrita por voces diferentes con una misma vocación (vivir su seguimiento de Cristo en la comunidad religiosa), en esta obra, leída en conjunto, los tres testimonios personales forman un comentario –espiritual, poético y sorprendente– al verso «Abre tu boca, y yo la llenaré» (Sal 81). Dolores aleixandre, reconocida religiosa del Sagrado Corazón, describe su vocación con imágenes bíblicas y palabras de la santa (Teresa de Jesús). La Comunidad Trinitaria explica los retos y desafíos de la convivencia comunitaria. ¿Cómo vivir entre la realidad y la utopía? Finalmente, Victor Herrero, capuchino, narra su encuentro personal con Jesús con un estilo poético.
Todos viven su vocación con ilusión y alegría. El secreto está en profundizar en la experiencia personal de Dios para que la vida comunitaria fructifique. Dios se encuentra en la fragilidad humana. El sufrimiento no es bueno, pero es una experiencia común a todos los hombres. La clave está en no caer en el victimismo. A pesar de las sombras, pesares y dolores que los hombres tienen, es necesario buscar la presencia del señor en los momentos de duda y desolación. No hay que sentir miedo, sino abrir el corazón, honesta y sinceramente, al Padre. Él nos guiará en esos oscuros tiempos. Es aconsejable amar las sombras que cada uno tiene, cicatrizar las heridas y liberarse de temores y prejuicios. La alegría del evangelio es vivir una espiritualidad activa. Ser cristiano es una aventura. Es mirar hacia delante, tender puentes en las fronteras y soñar utopías. Llevar una vida plena, saborear lo esencial de la vida y detenerse a contemplar la belleza del Creador. La gracia del quehacer cotidiano. Dos sugerencias para descubrir la vocación personal son: tomarse treguas y descansos y hablar con sinceridad y franqueza entre los miembros de la familia. Cristo está presente en todo el universo. Y vio Dios que todo era bueno...
Concluyendo, un libro apasionante para aprender a buscar las huellas de Dios en las discontinuidades del quehacer diario. El desafío de los cristianos del siglo XXI es evitar la «ansiedad apostólica». Romper con el mito de la espontaneidad y tener pautas para darse cuenta de las huellas de Cristo a lo largo del día. Recomiendo su lectura, porque ayuda a profundizar en las palabras de Jesús de Nazaret: «a vosotros os he llamado amigos».


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