lunes, 19 de octubre de 2026

Enrique Martínez Lozano: Cristianos más allá de la religión. Por Lázaro Sanz Velázquez

Martínez Lozano, Enrique: Cristianos más allá de la religión. Cristianismo y no dualidad. PPC, Madrid, 2015. 314 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.

Estas páginas intentan rescatar algunas palabras básicas del cristianismo –y sus correspondientes contenidos– indebidamente apropiadas por el poder religioso, así como por una determinada teología, catequesis y predicación. Palabras y contenidos que han terminado desvirtuados con respecto a la intuición original y, lo que es más grave, han extraviado o perjudicado a no pocas personas de buena fe que han tomado como verdad divina lo que solo era un «mapa humano», con frecuencia pervertido o, al menos, interesado. 

Se trata de una aproximación a estas palabras fundamentales de la teología cristiana desde una perspectiva no dual, desde el convencimiento de que el modelo no-dual de cognición es capaz de dar razón de lo real con infinito mayor rigor que el modelo mental. Este último, que únicamente puede moverse en el mundo de objetos delimitados, parte del a priori erróneo que considera la realidad como una suma de elementos separados. El modelo no dual, por el contrario, sin negar las diferencias, reconoce la «no separación del todo, por lo que nos permite intuir más adecuadamente el misterio de todo lo que es. La no-dualidad nos hace ver que Dios y nosotros somos no-dos. El misterio último de lo que es no es distinto de nuestro núcleo más profundo. En consecuencia, acceder a la verdad de uno mismo es llegar a la verdad de Dios: «el Fondo de lo real es solo Uno». 

Al llegar a este punto, las religiones –en cuanto construcciones humanas que tratan de vehicular nuestro anhelo más profundo–, sin ser necesariamente desechadas, se ven trascendidas en un horizonte más amplio y unificador. A eso alude precisamente el título del libro: Cristianos más allá de la religión. 

La sabiduría –espiritual, plenamente humana‒ de Jesús quedó encorsetada en una religión histórica, con todo lo que ello supuso de ventajas y de inconvenientes. Entre estos últimos, quizá el más grave haya sido el de la absolutización de la propia religión cristiana y de la institución que la gestionaba. En este sentido, podría decirse que la religión devoró a la espiritualidad. 

Progresivamente se va abriendo paso –también en el mundo cristiano– una doble certeza: por un lado, que el mensaje de Jesús no fue «religioso», sino genuinamente espiritual; por otro, que es posible conectar con aquel mensaje y vivirlo sin necesidad de una adscripción religiosa. es decir, se puede ser «cristiano» sin ser «religioso». 

A partir del cristianismo que ha llegado hasta nosotros, el autor se propone traducir algunos términos clave de su teología, catequesis, predicación desde la perspectiva no dual. Esta perspectiva es la que lleva a trascender las particularidades religiosas, permite conectar con el mensaje original de Jesús y posibilita encontrarnos en el territorio común y compartido de la unidad que somos. 

No se trata tan solo de una denuncia sobre el uso y abuso de palabras sagradas que, de un modo consciente o inconsciente, se han utilizado como medio de manipulación de las conciencias. Es obvio, sin embargo, que la denuncia se refiere al hecho en sí, no a personas concretas. Entre otras cosas, porque, cuando alguien hace daño, ello se debe exclusivamente a la ignorancia, que nos hace creer que las cosas son tal como nosotros las vemos. 

Este objetivo marca el desarrollo que Enrique Martínez sigue en cada capítulo: 1) comprender lo que se ha «cargado» sobre la palabra en cuestión; 2) deconstruir lo añadido; y 3) reencontrar –desde una perspectiva no-dual‒ del modo más fiel posible el núcleo genuino en el que podamos reconocernos (p. 22). 

El autor ha seleccionado diez palabras que le parecen clave en la teología cristiana. Habría quizá otras que también merecerían aparecer. Sin embargo, de lo que se trata no es tanto de ser exhaustivo cuanto de señalar algunas claves de lectura que nos permitan reconocernos profundamente en aquello que nombramos. Esas diez palabras, contenido de los respectivos capítulos, son las siguientes: Jesús, evangelio, Dios, fe, perdón (pecado y culpa), salvación, cielo (y novísimos), libertad, amor a sí mismo y comunidad-compromiso. 

Dado que el objetivo del autor es ofrecer un «mapa» que pueda ayudar a limpiar algunos términos y posibilitar lecturas más adecuadas a tantas personas que tratan de hallar el modo de «nombrar» lo que viven o quieren vivir, le ha parecido oportuno incluir tres anexos (pp. 249-309) en los que, a partir de circunstancias concretas, trata de abordar expresamente la cuestión de los «mapas religiosos». Propone claves y pistas para avanzar en la comprensión del cambio en que estamos inmersos, así como para hacer luz específicamente sobre el novedoso fenómeno de la emergencia de una espiritualidad sin Dios.


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