Lançon, Philippe: El colgajo. Anagrama, Barcelona, 2019. 448 páginas. Traducción de Juan de Sola. Comentario realizado por Carlos Maza Serneguet.
El 7 de enero de 2015 dos hombres enmascarados y armados con fusiles de asalto y otras armas entraron en la redacción de Charlie Hebdo y, al grito de “Al-lahuàkbar”, acabaron con la vida de doce personas y dejaron heridas a otras once. Uno de estos supervivientes fue Philippe Lançon, que años más tarde decide transformar en relato el proceso de reconstrucción facial —su mandíbula había quedado seriamente dañada por un disparo—.
Dice Lançon que este libro no es una terapia, que esta se había hecho ya antes: con la cirugía, con los amigos, con su psicóloga. ¿Qué es, entonces, El colgajo? Es la historia de la construcción de un puente en medio de una vida que ha quedado partida en dos por la violencia. Una violencia frente a la cual el autor no genera resentimiento (los hermanos Kouachi son, para él, “hijos de la República”), pero que se resiste permanentemente a ser integrada. Aunque se haya logrado una reconciliación suficiente para seguir viviendo, vuelve como fantasma (ese chico árabe del metro) o como estrepitosa repetición (el atentado de Bataclan).
El colgajo es un puente que lleva también del autocentramiento del enfermo, que lo reclama todo para sí, que vive siempre a un paso de convertir en tóxicas sus