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viernes, 27 de diciembre de 2019

Elena Andrés Suárez: Ser. Por Javier Sánchez Villegas

Andrés Suárez, Elena: Ser. San Pablo, Madrid, 2019. 151 páginas. Comentario realizado por Javier Sánchez Villegas.

Acabo de terminarlo. Me quedo sin palabras. ¿Cómo es posible decir tantas cosas en tan pocas páginas con tanta hondura y profundidad? ¿Cómo comunicar que todos estamos llamados a ser lo que somos? ¿Cómo poder expresar sin más la relación que hay entre el ser existencial y el ser esencial? ¿Cómo decir que la felicidad es real y que emerge en el acto de ser? ¿Cómo...?

Es verdad que yo no soy imparcial a la hora de leer este libro. Por varios motivos. En primer lugar, porque hace pocos años hice un máster de Educación de la Interioridad dirigido y coordinado por Elena Andrés. Desde ese momento, me siento muy cercano a Elena, tanto en el contenido como en la forma de lo que comunica. Lenguaje claro, transparente, que surge de una experiencia vivida, compartida... No hay una sola palabra en su libro que no haya sido meditada, experimentada y vivida junto a otros. En segundo lugar, porque me ha hecho descubrir nuevos horizontes existenciales, que se han visto confirmados a partir de dos experiencias fundantes que he tenido este verano: por una parte, la gracia de haber hecho los Ejercicios Espirituales de mes de San Ignacio en Loyola y, por otra, haber tenido un accidente de moto en el que casi me mato (he tenido que pasar por tres operaciones y todavía hoy sigo de baja en rehabilitación). Cada palabra, línea o párrafo que ha escrito Elena en su libro no es más que un reflejo de una realidad que nos rodea, nos embarga, y nos invita a ser. Yo he sido testigo privilegiado de ello.

viernes, 13 de julio de 2018

Elena Andrés Suárez y Carlos Esteban Garcés (coords.): La interioridad como paradigma educativo. Por José Fernando Juan Santos

Andrés Suárez, Elena y Esteban Garcés, Carlos (coords.): La interioridad como paradigma educativo. PPC, Madrid, 2017. 237 páginas. Comentario realizado por José Fernando Juan Santos.

La escuela está en búsqueda de sí misma. Si alguna vez dejó de preocuparse por lo que era, los tiempos contemporáneos preguntan incansablemente para qué sirve y a quién sirve. Nunca antes en la historia hubo tanta innovación, ni tantos educadores capaces de crear sinergias. Éste es el contexto en el que este libro hace su aportación significativa en torno a la interioridad, para no convertirla en un proyecto sino en núcleo esencial que haga girar a la educación en su conjunto hacia la persona, su desarrollo integral. En él encontramos tres bloques de artículos que pretenden ofrecer una fundamentación de la propuesta, experiencias y realidades prácticas que ya están vivas en diversas escuelas y ámbitos educativos, y hacer extensiva la educación en la interioridad a otros espacios más amplios como son el ámbito laboral o la familia. 

La educación en la interioridad es una llamada a educar pensando en sujetos que sean sólidos, se conozcan a sí mismos, y al mismo tiempo descubran sus dones para ponerlos al servicio de los demás. No excluye, como las críticas quieren hacer ver, ese compromiso necesario con el otro, ni es ensimismamiento egoísta en uno mismo. Al contrario. Surge de la necesidad, tomada como oportunidad, de responder al paradigma de la posmodernidad y los análisis que derivan de ella. Y, en este caso, hacer de la educación entera, y de la escuela en particular, núcleo de esta nueva respuesta. Muy enraizada, por otro lado, en la tradición cristiana y en la espiritualidad como motor de la persona. 

Especial interés tiene, por su claridad, la primera parte, la dedicada a la fundamentación. Cuatro grandes artículos que asientan bien la propuesta que se hace desde la interioridad, y que luego sirven para comprender a fondo, y no tomar como meros recursos, las partes segunda y tercera. En concreto, en la segunda se presentan buenas prácticas educativas: Proyecto Hara, de La Salle; Proyecto “I”, de la Compañía de María; Proyecto “Qéreb”, de Maristas; y proyecto “Descan-Ser”, de Menesianos. Y en la tercera se comentan estructuras de apoyo basadas en la interioridad en otros ámbitos de la vida: creyente, personal, profesional y familiar. 

La lectura es clarificadora. Suena la interioridad y se cuestiona demasiado pronto como sentimentalismo. Quizá era necesario, en este sentido, un libro así, con múltiples perspectivas y horizontes. También para la pastoral, citada constantemente como espacio para trabajar desde la interioridad y acompañar respetuosamente en la interioridad, propia y del otro. ¿Es posible, me pregunto, llamar educación o escuela a lo que no cuide muy especialmente y con mimo casi sagrado el corazón?