miércoles, 11 de febrero de 2026

Dominique Barthélemy: Escoger al pobre como señor. Por Lázaro Sanz Velázquez

Barthélemy, Dominique: Escoger al pobre como señor. La Buena Nueva anunciada a los pobres. PPC, Madrid, 2013. 304 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.

Como afirma la advertencia al lector, este libro reproduce una parte de las enseñanzas bíblicas que Dominique Barthélemy (exegeta dominico, que fue profesor de Antiguo Testamento en la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo) impartió a las Hermanitas de Jesús durante aproximadamente quince años, de 1980 a 1995. Las Hermanitas grabaron las clases del padre Barthélemy, añadiendo también pistas de trabajo que él les sugirió (pp. 283-285). Pusieron en orden todas estas clases, agrupándolas por temáticas afines. Pronto surgió la idea de publicarlas, no íntegramente, sino solo una selección significativa. Cosa que hicieron después de haber muerto el padre Barthélemy.

En el prefacio, el cardenal Martini resume muy bien el propósito del autor: «Partiendo de la predicación del Reino de Dios hecha por Jesús, observa cómo, desde el principio, esta se vincula estrechamente a la pobreza: “Bienaventurados vosotros, los pobres”, “el Reino de Dios es anunciado a los pobres”. Prosigue examinando las diferentes vías del cristiano en cuanto a la pobreza y la riqueza, para hacer comprender poco a poco los contextos en los que la gravedad y la fuerza de esta actitud fundamental aparecen con todo su relieve» (p. 6). El padre Barthélemy pone en evidencia de qué modo la pobreza, entendida en su sentido amplio, como él lo explica, es esencial para abarcar el movimiento de la redención y puede considerarse como el símbolo clave de la acción de Jesús y de la Iglesia.

En la primera parte («La elección del Altísimo») encontramos dos afirmaciones que constituyen el sustrato del conjunto de la reflexión. En primer lugar: «Es rico el que tiene posibilidad de un futuro» (p. 35) (aunque el autor reconoce que «este no es, sin embargo, el sentido habitual que se da a la palabra “riqueza”»: p. 36). En cuanto a la pobreza, está caracterizada por la falta de estima, porque «la primera necesidad del ser humano no es ser amado, sino ser apreciado, es decir, existir como válido para alguien» (p. 36). Todo ello está desarrollado en dos grandes bloques que hablan de la «novedad del Reino» y del «Señor de los Señores que se identifica con los pobres». Para hablar de la novedad del Reino parte de la primera bienaventuranza. En Lucas hay una relación entre la pobreza del discípulo y la bienaventuranza. mientras que en Mateo el Reino pertenece a los pobres que han llegado a la pobreza empujados por el Espíritu. Para establecer una relación entre la pobreza que se padece y el Reino, reflexiona sobre la parábola del pobre Lázaro. En el segundo bloque, «El Señor de los Señores se identifica con el pobre», trata de responder a la pregunta «¿De dónde parte la elección preferencial de Dios por el pobre?» La respuesta que da el padre Barthélemy parte de Dt 10,16-19 y continúa con la encarnación. Si el Dios trascendente, al hacerse hombre, se identifica con el pobre, con los rechazados, esto significa que Dios escogió, como lugar privilegiado para él en medio de los hombres, la identificación con la condición de pobre como tal (p. 38).

En la segunda parte («Caminos humanos») se encuentra explicitada una consigna muy simple: «¿Qué tiene que hacer el rico? Debe aportarle [al pobre] la certeza de que existe para Dios» (p. 53). Sin embargo, la categorización «rico» y «pobre» no es algo dado de una vez por todas en la realidad, y el autor se ve llevado a afirmar: «El núcleo del misterio de la pobreza y la riqueza es la conversión del pecador. Un rico puede llegar a ser pobre» (p. 62), afirmación que determina toda la reflexión siguiente. Al final de esta segunda parte, el autor nos ofrece una larga reflexión sobre la justicia y el derecho.

Las dos últimas partes de la obra («La obra de la creación» y «Las circunstancias del encuentro») se alejan notablemente del tema inicial. Después de un capítulo preliminar sobre el cuestionamiento de las afirmaciones bíblicas por el desarrollo de las ciencias modernas, la tercera parte hace una reflexión sobre la creación: «por desarraigo» (pp. 137-140), «en la misericordia» (pp. 141-168), «por el pobre» (pp. 169-196). «Cuando un individuo se hace consciente de sí mismo, es el fruto de la primera creación; existe. [...] Si aceptamos al pobre como prójimo, somos a la vez creados y creadores a la escala de la segunda creación, que consiste en dejarnos acoger por el pobre elegido como prójimo» (pp. 171-172).

La cuarta parte constituye un conjunto bastante variado, pero rico en reflexiones muy sugestivas sobre el decálogo (199-210), la trascendencia bajo el signo de la intimidad (221-228), el sentido del bautismo (229-245), la escatología (247-280), con una comparación con la situación vivida por el embrión como primera analogía de nuestro paso por la muerte para resucitar (257-262). Esta parte concluye con una reflexión sobre el sentido del mal y el nacimiento de la humanidad.

Al final del libro nos encontramos con tres páginas de «Pistas de trabajo» en la línea de las propuestas por el padre Barthélemy a las Hermanitas de Jesús en sus sesiones de estudio.

Creemos que las palabras del cardenal Martini en el «Prólogo» nos marcan el camino a seguir a la hora de leer este libro: «Deseo que todos los que lean estas páginas comprendan el sentido, a menudo mal conocido, de esta palabra clave (“pobre”) y que puedan aprehender algo de esta síntesis grandiosa que el padre Berthélemy meditaba en su corazón mientras se ocupaba oficialmente de la crítica textual» (p. 7). 


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