miércoles, 4 de febrero de 2026

Santiago Arzubialde: Humanidad de Cristo, lógica del amor y Trinidad. Por Mª Dolores de Miguel Poyard

Arzubialde, Santiago: Humanidad de Cristo, lógica del amor y Trinidad. El misterio pascual. Sal Terrae, Santander, 2014. 370 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores de Miguel Poyard.

Santiago Arzubialde es autor de una excelente obra anterior (Ejercicios Espirituales de S. Ignacio: Historia y Análisis), convertida en referente obligado para la espiritualidad ignaciana. En esta que ahora presentamos, sale al paso de una carencia detectada con preocupación por él a lo largo de toda una vida dedicada a la Teología Espiritual: urge trabajar por que la dogmática encauce y fundamente la espiritualidad, para liberar a esta de subjetividad y centrarla en el Dios Uno y Trino. Y, para ello, aboga por avanzar cimentados en el depósito tradicional de la fe y también en las valiosas aportaciones de los estudios teológicos y científicos actuales.

Como era de esperar, nos ha regalado una obra maestra; todo un tratado doctrinal filosófico y teológico, exhaustivamente documentado y lleno de sabiduría, donde se muestra como lo que es: un contemplativo en la acción. Ser contemplativo en la acción es el ideal de todo jesuita. Supone integrarse en la dinámica de Amor de la Trinidad, contemplar cómo todo desciende de Dios y cómo todo vuelve a Él; y unirse, desde la recepción de todo como don, a la misión de Jesús en el servicio a los hermanos.

Esta mística creacional-trinitaria y de servicio es el origen y sentido de esta obra. Así, el dinamismo de Amor de la Trinidad, que todo lo sostiene y llama a colaborar con ella en la misión, es su principio metodológico (integración de lo diverso, superación de las dicotomías desde la lógica paradójica del amor de Dios); es su contenido (en sentido ascendente, parte de la humanidad de Cristo para explicar la lógica aporética del Amor de Dios y llegar a la Trinidad); y es su objetivo (en su misión de servicio, ofrece una síntesis doctrinal y teológica para orientar e iluminar, desde el Amor trinitario, toda espiritualidad). Por ello, el libro se mueve en dos planos complementarios: el objetivo (dogmático) y el subjetivo, donde cada persona que reflexiona y contempla el Misterio puede quedar afectada por el Espíritu.

Esta dinámica del Amor es también el fundamento del mismo autor al escribir esta obra, nacida como síntesis de toda una vida dedicada a la contemplación del Amor de Dios en el servicio a los hermanos desde el estudio orante de la Teología. Así, en medio de sus reflexiones sobre el Misterio de Dios, vibra el testigo experimentado en la amistad con Él; porque, como él mismo dice, entrar en su presencia en la contemplación es encontrarse de frente y a solas con Él. Por eso, con la humilde autoridad de quien todo lo ha recibido como don, anima a sus lectores a contemplar la Palabra de Dios, más que a leerla, para poder gustar el incomparable consuelo de abismarse en el Amor gratuito y sobreabundante de este Dios que se hace todo a todos.

Como teólogo, ha participado en primera persona en el devenir de la Teología en estos últimos 50 años; y con la perspectiva y erudición del experto y la lucidez del sabio, nos presenta una obra de alto nivel teológico. En ella señala e intenta dar respuesta a los retos más decisivos de la Teología Espiritual en este tiempo histórico concreto. Acompaña su obra de un valioso aparato crítico donde, con una abundante y actualizada bibliografía, se dan cita los autores más relevantes, desde los primeros siglos del cristianismo hasta hoy; ofrece los diversos puntos de vista y concluye y sintetiza con la modesta autoridad del sabio.

Como profesor, dada la complejidad inherente a esta obra por su carácter sintético y por su alto nivel teológico, facilita su comprensión con una estructura muy pedagógica: en la introducción inicial explica su sentido y su objetivo y presenta el contenido de cada uno de los capítulos, que irán acompañados, a su vez, de una introducción y una conclusión.

No hay mejor práctica que una buena teoría. Lejos de ser abstrusas especulaciones abstractas, la teología trinitaria de Arzubialde es profundamente existencial, porque, fiel a la tradición de los santos Padres, su reflexión intelectual se integra en su vida de fe y oración. Por eso, esta síntesis doctrinal no sólo tiene valor teológico, sino también pastoral: sus páginas acompañan, como testimonio de fe, a cuantos quieran hacerlas suyas desde su propia situación personal; adentrarse en su lectura es fuente de libertad, porque conocer la Verdad nos hace libres y es ocasión de anonadamiento ante la integradora lógica de un Amor ante el que solo cabe la adoración en silencio; a semejanza de María, madre de la Iglesia.

Ya desde el título se muestra el sentido último de esta obra: comienza con la «cristología de la exaltación» (donde se une lo aparentemente irreconciliable: la humanidad de Jesús entregada en la cruz y su glorificación como Señor). Se abisma en la desbordante e integradora lógica del Amor de Dios (que muestra su omnipotencia al abrazar nuestra debilidad y regalarnos su Espíritu con Cristo Resucitado). Y, a partir de aquí, llega a la Trinidad inmanente, a Dios en sí mismo, revelado por Cristo y el Espíritu.

La perspectiva trinitaria, clave hermenéutica de esta obra, se muestra imprescindible para el diálogo ecuménico, al aunar las dos grandes corrientes teológicas de la Iglesia: por un lado, la greco-bizantina, marcada por la infinitud del misterio de Dios, la acción del Espíritu y la exaltación del Logos, y donde la salvación es divinización, consumada en la recapitulación en Cristo de todo lo creado; y, por otro, la latina de Occidente, histórico-salvífica, centrada en la humanidad de Jesús humillado en la cruz y en su seguimiento, y donde la salvación es liberación del pecado y de la muerte.

La clave trinitaria facilita también el diálogo fe-cultura, al contemplar la evolución desde este dinamismo de la Trinidad, de quien todo procede y todo lo atrae hacia sí para su divinización, por medio de su Espíritu. El Dios creador y señor de la historia de la Antigua Alianza es el mismo Dios trinitario, presente en la encarnación, muerte y glorificación de Jesús, y vivo y actuante en la historia hasta la consumación final por el Espíritu. Se libera así al mal y a la muerte del dramatismo ciego, al verlos desde la positividad del proceso dinámico de la creación, en camino hacia la plenitud en Cristo.

La teodicea encuentra aquí una nueva perspectiva: ya no se trata de preguntar «¿por qué permite Dios el mal?», sino de constatar que, ante la realidad del mal, sólo Dios puede liberarnos. De este modo, la redención no es solo liberación del pecado, sino, sobre todo, divinización. Dios, por puro Amor gratuito, nos ha reconciliado con Él por medio de Jesucristo. Se supera la lógica de la justicia retributiva y compensatoria. La kénosis de Cristo no es mera solidaridad con el hombre, sino exaltación de la misma sobreabundancia de su Amor; exepción libre y necesaria, por su misma esencia de Amor hasta el extremo. El «era necesario» recobra así todo su sentido.

Nos encontramos, en definitiva, ante una obra maestra, llamada a convertirse en referencia obligada para la Teología Espiritual y para toda pastoral de acompañamiento en la fe. Su lectura es un apasionante y liberador descubrimiento de la lógica del Amor de Dios, que rompe toda lógica humana.


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