lunes, 2 de febrero de 2026

José Tolentino Mendonça: Ningún camino será largo. Por Mª Dolores de Miguel Poyard

Tolentino Mendonça, José: Ningún camino será largo. Para una teología de la amistad. San Pablo, Madrid, 2013. 284 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores de Miguel Poyard.

José Tolentino ha sabido conjugar en esta obra su triple condición de sacerdote, profesor y poeta, para ofrecernos un estudio sobre la amistad innovadoramente teológico, riguroso y creativo.

Es innovador, porque explora caminos nuevos, con resultados francamente liberadores. Comienza subrayando la inflación, en nuestros días, del término «amor» y sugiere contemplar la relación con Dios como amistad, más que como amor esponsal. Así, desde la necesaria distancia entre los amigos, subraya la absoluta gratuidad del Amor de Dios y su decidido respeto a la autonomía del hombre, quien, a su vez, experimenta la unión con Él, pero también la distancia de un Dios siempre mayor que le obliga a salir continuamente de sus seguridades, de las rutinas que pueden desembocar en idolatrías.

Es teológico, porque Dios se presenta como origen y referente de toda amistad verdadera; la garantía es amar a los amigos en Él y desde Él. A lo largo de todo el texto se van mostrando diversas historias de amistad contenidas en la Biblia que ayudan a contemplar a Dios, vivo y actuante, en cada amigo verdadero. El discípulo amado del Evangelio de Juan se presenta, asimismo, como testigo vivo de que la amistad es vía directa de acceso a Dios.

Es riguroso y bien documentado, pues ofrece abundantes citas de obras clásicas, filosóficas, literarias y místicas, claves para ahondar en la amistad desde las más variadas perspectivas.

Es poético y creativo, vital y jubiloso, porque facilita aproximarse al Misterio de amistad de un Dios sorprendente, alegre y divertido, capaz de transformar en desbordante epifanía, en ocasión de salvación, el hoy más anodino. La relación con los amigos está de tal forma incardinada en la amistad de Dios, que cada encuentro con ellos está llamado a convertirse en historia de salvación para cada uno.

Se sirve de metáforas y realidades sencillas y cotidianas para subrayar que lo más importante de lo visible es lo invisible. Es «la mística de lo cotidiano» (p. 102). Así, por ejemplo, dedica un capítulo a «la cocina», y otro a comer juntos. La imagen de la cocina, como símbolo de nuestra invisibilidad, se despliega en una cascada de sugerentes evocaciones destinadas a describir ese santuario más personal y escondido donde cada uno se expresa con absoluta autenticidad y donde se fraguan los encuentros más humildes y verdaderos. Pero el autor va aún más allá y dibuja ante nosotros la imagen más liberadora: frente a Prometeo, castigado por adueñarse del fuego de los dioses, Dios no solo se encuentra con nosotros en el núcleo mismo de nuestra creatividad y autonomía, los fogones de nuestra cocina, sino que es Él mismo quien nos alienta a desarrollarnos ahí en plenitud.

Y de la imagen de la cocina pasa, como no podía ser de otra manera, a la de la comida compartida, símbolo por excelencia de la vida cristiana. Por eso invita a vivir cada encuentro desde la maravilla del don. Una vez más, lo invisible, derramado en lo visible más cotidiano.

La amistad se incardina así en nuestros ejes más vitales, nuestros deseos y aspiraciones más personales. Por eso el autor insiste en la necesidad de ir más allá y enlazar con el Misterio que lo vivifica. Experimentar la gratuidad de la amistad nos hace más fácil vivir en comunión fraterna incluso con el enemigo, nos libera de la dictadura de lo productivo y nos conduce a una vida auténtica, donde cada uno puede llegar a decir de sí mismo desde el fondo del propio ser «Yo soy la vida» (p. 161). Y de ahí, la alegría. Porque Dios es, antes que nada, alegría y humor. Su programa no es juzgar o pensar, sino «juguetear y alegrarse con los hombres» (p. 186).

Por eso el autor invita a releer la propia vida desde la clave del humor de Dios; a aceptar el río Jordán de la propia vida como símbolo de lo pequeño, de lo desconcertante, de la risa de Dios que trastoca nuestros planes. Porque la Creación entera no es sino la danza divertida de Dios.

Nos encontramos, en definitiva, ante un libro magnífico para orar y disfrutar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario