Amigo, Carlos: Francisco de Asís y el papa Francisco. PPC, Madrid, 2014. 134 páginas. Comentario realizado por María Arinero García.
Muchos fueron los que se preguntaron por la razón para la elección del nombre de «Francisco» por el actual papa, cuando el cardenal Jean-Louis Tauran así lo anunciaba desde el balcón de la plaza de San Pedro el 13 de marzo de 2013. Un nombre nuevo en el papado y, quizá para muchos, muy inesperado.
Muchos pensaban también que este primer papa jesuita podría haber escogido el nombre de su fundador, o que con su elección se estaba refiriendo a algún Francisco dentro de la Compañía: Francisco Javier o Francisco de Borja... Sin embargo, su elección, en nada apartada del ideal ignaciano de pobreza, recayó en el nombre del santo de Asís. Igual que Íñigo de Azpeitia quedó impresionado por Ignacio de Antioquía, hasta el punto de cambiar su nombre (Íñigo) por este otro, el cardenal Bergoglio confesaría más tarde que el nombre de Francisco había entrado en su corazón. Y parece que fueron determinantes las palabras que poco antes de su elección le había dicho su amigo y cardenal brasileño Claudio Hummes: aquel «no te olvides de los pobres», cuando el escrutinio le apuntaba a él como un claro sucesor de Pedro, junto con un pensamiento fugaz pero certero sobre las guerras, fue lo que le trajo a su mente el nombre de Francisco de Asís, santo siempre unido a los pobres y a la paz (pp. 22-23).
Francisco de Asís y el papa Francisco es la semblanza de dos personas que no solo comparten un nombre. Su autor, Carlos Amigo, cardenal arzobispo emérito de Sevilla y también franciscano, quiere dirigir la intuición del lector hacia lo que hay de común entre ambos. Y son casi los objetivos que el papa Francisco se había propuesto en este siglo XXI –«crear ilusión, devolver la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, difundir el amor fraterno, hacerse pobre entre los pobres, incluir a los excluidos y predicar la paz» (p. 113)– los que permiten trazar el esquema fundamental del libro. No es casual que esta intervención recuerde la conversación entre el obispo Guido de Asís y el joven Francisco cuando este trataba de conseguir una audiencia con el papa para mostrarle su ideal de vida evangélico. Una coincidencia nada casual.
Carlos Amigo desgrana, capítulo a capítulo, seis de los elementos fundamentales en los dos retratados: el Dios Padre de perdón y de misericordia; la pobreza y los pobres; la paz y el bien no solo franciscanos, sino evangélicos; el deseo de fraternidad universal; la ecología, no solo de nuestra época, sino también cultivada en la Edad Media; y la alegría y la esperanza. En cada uno presenta textos de los dos Franciscos y los va hilando para que sean los propios protagonistas los que hablen al lector, desde el Cántico de las Criaturas o la propia Regla hasta homilías, encuentros y audiencias del actual papa.
Muestra también dos rostros buenos y bellos de la Iglesia. Uno de ellos, el del santo revolucionario en el Asís medieval; el otro, un rostro actual que no ha dejado de invitar a la revolución (cf. JMJ, Brasil 2013). Pese a vivir tiempos históricos tan distantes, ambos mantienen un común deseo de renovación; ambos tienen el deseo vivo de una Iglesia servidora de los pobres, de ser expresión de alegría y esperanza y de trabajar por la paz.
Pero más allá de explicar el sentido de un nombre, de buscar los evidentes puntos de unión, o de llevar a cabo un análisis pormenorizado y comparado de los dos, Francisco de Asís y el papa Francisco tiene un claro objetivo: el de presentar de una forma sencilla y atractiva una vivencia concreta y personal, clara y radical por el mensaje de Jesús, para lanzar una invitación a todo cristiano a la renovación y a la radicalidad del Evangelio.


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