Aleixandre, Dolores: La hendidura de la roca. Variaciones sobre el Cantar de los Cantares. PPC, Madrid, 2010. 214 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores López Guzmán.
El Cantar de los Cantares siempre ha sido un libro incómodo. Le acompaña el estigma de que se trata de una obra «demasiado poética», «demasiado carnal» o «demasiado simbólica». Unos adjetivos que contribuyen a que el sujeto dude acerca de cuál será la interpretación que se acerque más a su sentido auténtico y a la intención del autor. Ese carácter inclasificable le otorga una magia especial, aunque al mismo tiempo lo convierte en un libro de «uso restringido», solo apto para ceremonias matrimoniales, sensibilidades místicas (o pseudomísticas) y curtidos biblistas. Dolores Aleixandre –contraria siempre a un uso elitista de la Palabra de Dios– propone una lectura que acerca el Cantar a cualquier creyente con sensibilidad. Basta con haber experimentado el amor, en cualquiera de sus manifestaciones (de amistad, filial, fraterno, paterno, materno...), para que uno pueda dejarse iluminar por las imágenes audaces de este poemario que ha inspirado a tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Porque precisamente uno de los grandes valores, que la autora subraya, de este libro de la Biblia es que muestra el amor humano como «lugar teológico capaz de expresar algo de la cercanía, la preocupación, el vehemente deseo que fluye entre Dios y los seres humanos, en una metáfora que nos revela algo inaudito: así nos ama Dios y así somos amados: con esa pasión, con esa impaciencia, con ese júbilo» (p. 7).


