jueves, 23 de marzo de 2017

Raimon Panikkar: Obras Completas. Por Javier Melloni

Panikkar, Raimon: Obras Completas. Herder, Barcelona, 2015. Mística, plenitud de Vida. Vol. 1, 472 páginas; y Espiritualidad, el camino de la Vida. Vol. 2: 584 páginas. Comentario realizado por Javier Melloni.

La aparición de los dos primeros volúmenes de la Obra Completa de Raimon Panikkar supone un evento editorial y cultural de envergadura. Ambos volúmenes constituyen el primer tomo sobre Mística y espiritualidad. Con ello la editorial Herder comienza una aventura editorial que constará de más de dieciocho volúmenes de la Obra Completa de este autor polifacético. Raimon Panikkar (Barcelona, 1918-Tavertet, 2010) puede ser considerado uno de los representantes más significativos del pensamiento intercultural y del diálogo interreligioso, así como uno de los grandes testigos del siglo XX.

Hijo de padre indio e hindú y de madre católica de la burguesía catalana, se formó en el colegio San Ignacio de Barcelona y entró muy joven en el recién creado Opus Dei, al cual perteneció durante más de veinte años (hasta 1966). Fue ordenado sacerdote en 1946. En 1955 se desplazó a la India, donde permanecerá durante varios años, con una alternancia creciente de estancias en Europa y Estados Unidos. Regresa definitivamente a Cataluña en 1987, donde se retira a un lugar apartado (Tavertet) desde donde siguió escribiendo y difundiendo su pensamiento, desplazándose también a diversos encuentros. Durante su vida hizo tres doctorados: en Química (1958), en Filosofía (1946) y finalmente en Teología (1961), este último bajo el título: El Cristo desconocido del hinduísmo. Estos tres ámbitos abarcan su reflexión sobre la materia, el ser humano y Dios. Posteriormente Panikkar integraría esta tríada en uno de los términos más fecundos acuñados por él: la intuición cosmoteándrica, la comprensión de que la realidad forma una unidad inseparable entre la naturaleza (cosmos), lo divino (théos) y lo humano (andros). Esta capacidad de mantener una mirada abierta y capaz de encontrar la relacionalidad es lo que funda su catolicidad. Una catolicidad que no consiste en profesar una confesión concreta, sino en el modo de profesarla. Él se confiesa católico teniendo en cuenta su significado etimológico: kata holón, «según la totalidad». Y he ahí otra de las características de su pensamiento: la indagación en el significado de las palabras. El recurso a la etimología o los neologismos que ha acuñado surgen de su rechazo a un pensamiento fácil que vive de lo convencional. Así nos fuerza a pensar más allá de los tópicos. De él procede esta afirmación paradójica: «Salí de Europa cristiano, me he descubierto hindú y regreso budista, sin dejar por ello lo primero». Y también ha dicho: «Sigo siendo cristiano e hindú, aunque me doy cuenta de que aquí no acaba mi peregrinación».

Lo peculiar de este proyecto editorial (iniciado en italiano por Jacca Books, proseguido en catalán por Fragmenta y ahora iniciado por Herder en castellano) radica en que el mismo autor participó en su elaboración pocos años antes de morir. Después de setenta años de pensamiento, de reflexión y de escritura, emprendió la tarea de reordenar su propia obra en vistas a la publicación de su Opera Omnia. Se trataba de una empresa tan necesaria como compleja porque su obra estaba dispersa en múltiples publicaciones en diversas lenguas, y en cada edición incorporaba pasajes nuevos. El criterio de ordenación no fue el cronológico, sino temático, de modo que la distribución de su obra en diversos tomos y volúmenes se trata, por sí mismo, de una interpretación de su propio pensamiento. Por ello es tan significativo este primer tomo en dos volúmenes, destinado a la mística y a la espiritualidad, que considera como experiencia de vida y de la vida.

El primer volumen está dedicado a la mística, entendida como la experiencia suprema de la realidad, y el segundo a la espiritualidad, vista sobre todo como camino para alcanzar dicha experiencia. La primera parte del primer volumen desarrolla la noción de nueva inocencia, entendida como una actitud libre y espontánea que surge de la plenitud de la persona. La segunda parte trata de la contemplación, la meditación y la santidad. La tercera parte constituye un estudio sistemático y filosófico sobre la experiencia mística. En el apéndice, se incluyen una reflexión filosófica sobre la experiencia suprema en distintas tradiciones y una oración creada por el mismo autor.

Por lo que hace al segundo volumen (Espiritualidad, el camino de la Vida) comienza con varios textos breves que reproducen charlas realizadas en retiros de ambiente cristiano. La segunda parte trata de la espiritualidad propia del monje, aunque no limitada a la institución monástica, sino más bien como arquetipo universal en cada hombre (búsqueda del monos, unión con lo divino). Sigue una descripción de la tradición ascética en la India y un escrito dedicado al amigo Henri Le Saux, ejemplo de un encuentro fecundo de la espiritualidad occidental cristiana con la India. La última parte está dedicada a la sabiduría como meta de una espiritualidad positiva.

Los siguientes volúmenes están organizados del siguiente modo: a continuación aparecerán sus trabajos sobre la religión y de las religiones; después se presentarán sus estudios sobre las religiones que Raimon Panikkar más profundizó a lo largo de su vida (el cristianismo, el hinduismo y el budismo); después, los volúmenes donde las pone en diálogo; seguirán sus reflexiones sobre su visión trinitaria y la realidad cosmoteándrica; a continuación aparecerán los volúmenes sobre hermenéutica, el símbolo y el rito; proseguirán sus aportaciones estrictamente filosóficas y teológicas, para acabar concluyendo con sus reflexiones sobre la secularidad sagrada, así como el espacio, el tiempo y la ciencia.

Todo este pensamiento, orgánico y fragmentario a la vez, en tanto que no pretende ofrecer ningún sistema, hay que comprenderlo sobre todo como un itinerario vital. El mejor modo de presentar esta Opera Omina es con sus mismas palabras: «Estas Obras completas comprenden un lapso de cerca de setenta años durante el cual me he dedicado a profundizar en el sentido de una vida humana más justa y plena. No he vivido para escribir, sino que he escrito para vivir de una forma más consciente y para ayudar a mis hermanos con pensamientos surgidos no solo de mi mente, sino de una Fuente superior que bien puede llamarse Espíritu».
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