viernes, 18 de septiembre de 2015

Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua. Por Jesús Ángel Rodríguez Arroyo

Llamazares, Julio: Distintas formas de mirar el agua. Alfaguara, Madrid, 2015. 192 páginas. Comentario realizado por Jesús Ángel Rodríguez Arroyo.

Nos encontramos ante un libro de relatos sobre un mismo hecho, visto de manera distinta por sus narradores. La novela parte del fallecimiento de Domingo, un campesino expulsado de su pueblo por la construcción de un pantano que anegó todo el valle que incluía otros pueblos. Este hombre nunca rompió el vínculo que le unía a la tierra que le vio nacer y donde tuvo su casa, donde están enterrados sus antepasados y un hijo que murió prematuramente. Desde que salió forzado del pueblo no había querido volver, y aunque vivió la mayor parte de su vida en el pueblo donde le mandaron, siempre dijo que quería que sus cenizas fueran arrojadas al pantano y lo más cerca de su pueblo posible.

Por orden, los relatos son de Virginia, su mujer, que sí volvió en algún momento al pantano. Le siguen los relatos de su hija Teresa, que salió del pueblo con 16 años. De Miguel, el marido de Teresa. Susana y Raquel, hijas de Teresa y Miguel. José Antonio, el segundo hijo que le mandaron a la mili a Barcelona y allí se arraigó. Elena, la mujer de José Antonio. Daniel, hijo de estos dos últimos, ingeniero de Caminos, como el que le arruinó la vida a Domingo. Mª Rosaria, novia de Daniel. Alex, hermano de Daniel. Virginia, la tercera hija de Domingo y Virginia. Emilio, el exmarido de Virginia, que se llevaba bien con los suegros. Laura, Jesús y Virginia, hijos de Virginia y Emilio. El penúltimo relato es el de Agustín, el 4º hijo de Domingo y Virginia, su relato arranca con una frase que me encantó: «Hay distintas formas de mirar el agua, depende de cada uno y de lo que busque». Y el último relato es de un automovilista que contempla la estampa familiar mientras va conduciendo.

De lo que dicen de Domingo, no era un hombre que fuera resentido, simplemente nostálgico. Vivió 45 años fuera de su pueblo pero nunca lo abandonó.

Julio Llamazares nació 1955 en Vegamián (León), era hijo del maestro del pueblo. Cuando contaba nueve años de edad tuvo que abandonar el pueblo por las obras del embalse del Porma, que anegó los pueblos leoneses de Vegamián, Campillo, Ferreras, Quintanilla, Armada y Lodares. Los personajes de su novela proceden de Ferreras y fueron de los últimos en salir. Los habitantes fueron realojados en Palencia, excepto los que no quisieron y con el exiguo dinero de la indemnización por la expropiación, empezaron su vida en otros lugares.

Yo no conocía el dato del origen del autor, ha sido ahora, cuando me estaba documentando para este comentario, cuando me he enterado. Me resulta sorprendente que no haya ni la más mínima crítica ni social ni política a estos últimos destierros. Más bien al contrario, muere el último nostálgico de su tierra. Su familia se ha hecho a vivir en la laguna (nombre con el que se refieren al terreno desecado que le vendieron), no exenta de trabajos. Tal vez en el fondo se ve un atisbo de alegría porque al salir de esos valles tan agrestes, han tenido mejor acceso a los estudios y así han podido prosperar.

Julio Llamazares con Jesús Ángel Rodríguez Arroyo
en la Feria del Libro de Madrid.
Al leer la novela uno desecha esos conceptos de que el amor o el odio son sentimientos que se pueden trasmitir a los hijos. Hay dos maneras de mirar la vida: la que mira hacia atrás y piensa en lo que has perdido, y la otra, la que sin rechazar los momentos vividos, sean buenos o malos, mira al futuro con ganas de construir. Y es que la memoria temporal es frágil y se aplana, situaciones vividas en el pasado parece que están muy cerca.

Llamazares es uno de esos autores que no puedes enclavarlo en un género. Me recuerda mucho a Miguel Delibes. Su narrativa tiene un magnetismo que te atrae, que te envuelve, que se apropia de ti y que no te suelta hasta mucho después de haber leído uno de sus libros. No hace grandes retratos de sus personajes ni de los paisajes, te deja abierta a la imaginación, y eso es lo que le hace ser un escritor de los que te dejan huella, uno no sale igual que ha entrado cuando lee uno de sus libros.


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