miércoles, 24 de junio de 2026

Jesús Espeja: Meditación sobre la Iglesia. Por Marta Sánchez

Espeja, Jesús: Meditación sobre la Iglesia. Lo que no se puede decir. San Pablo, Madrid, 2014. 308 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.

Espeja, dominico y profesor emérito en Salamanca, responde a un interrogante que muchas personas se hacen: ¿para qué existe la Iglesia? La Iglesia es misterio (LG, 8). Es sacramento, signo y mediación de la presencia de Dios en el mundo. Es una institución que comenzó tras la muerte de Jesús, pero su origen es divino. Explica por qué escoge el título de meditación: porque solo podemos pensar y hablar sobre la organización y la misión de la Iglesia desde la fe. Y en esta línea, J. D. Sariego, O. P. escribe el epílogo, Abriendo caminos de futuro, sugerencias para seguir reflexionando sobre los desafíos actuales de la Iglesia en el mundo. 

La Iglesia es un signo de la presencia sacramental de Cristo. Los cristianos somos ciudadanos del mundo, pero vivimos en una sociedad cada vez más alejada de la fe. Hay una afasia de la fe. Sigue abierta una profunda herejía emocional entre Dios y el mundo. Si miramos la tradición, los Padres hablaron de la función maternal de la Iglesia desde su nacimiento en la historia de Jesús. Ellos usaron metáforas como la luna vestida de sol, y expresiones como la Iglesia tiene dos ojos: el Espíritu Santo y Dios, para ir construyendo la estructura visible de la Iglesia. Hoy se dice que la Iglesia es «Madre de los vivientes». Pero en nuestra época, caracterizada por «el Eclipse de Dios», el pluralismo religioso y la pobreza escandalosa, los fieles se preguntan: ¿qué puede aportar la Iglesia?, ¿cómo creer que la Iglesia nos engendra y sostiene? La clave es saber qué decimos los cristianos cuando hablamos de Dios y aprender a sentir con la Iglesia. Benedicto XVI explicó en Caridad en la verdad que el remedio para salir de esta crisis religiosa es hablar del Evangelio del amor. Todos somos profetas y orantes, necesitamos tener nuestros brazos alzados invocando a Dios y ser testigos que proclamen que el Dios de Jesús es amigo de la humanidad. Es un Padre cariñoso en los momentos de dolor, y la misericordia y ternura de Dios es infinita. 

Después de unos años alborotados tras el Concilio Vaticano II, vamos caminando hacia una comunión eclesial; se van dando algunos pasos, por ejemplo: una nueva presencia laical, una mayor presencia femenina dentro de la organización de la Iglesia, y hay una perspectiva ecuménica dentro del pluralismo religioso. En conclusión, una magnífica obra para profundizar en la vocación personal y eclesial. Recomiendo leerla, porque está escrita de manera clara, amena y sugerente. El lector fácilmente encontrará una respuesta para avivar la fe de los creyentes. Todos juntos podemos construir una Iglesia fraternal y solidaria con los más pobres.


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