lunes, 1 de junio de 2026

Gianfranco Ravasi: La Biblia en un fragmento. Por Marta Sánchez

Ravasi, Gianfranco: La Biblia en un fragmento. 200 puertas al Antiguo y al Nuevo Testamento. Sal Terrae, Santander, 2014. 352 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.

Gianfranco Ravasi, exegeta, profesor y elevado al cardenalato en 2010, escoge una frase de cada uno de los libros que componen la Biblia para transmitir la belleza de la Palabra de Dios revelada a los hombres. Con el deseo de animar al lector a sentirse fascinado y profundizar en el mensaje divino que desafía los siglos: El Verbo se hizo carne y habitó en medio de nosotros

Todo lógion o «dicho breve» remite a un «todo» más amplio. Dios es luz y amor. El cristiano tiene que mantener bien alta la antorcha de la esperanza. «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución...? Ninguna criatura podrá separarnos nunca del amor de Cristo» (Rom 8, 35.39). La palabra del Señor es clara, es música silenciosa. Dios tiene sed de que se tenga sed de él, de ser deseado y amado. «Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,2). 

Con poéticas palabras cargadas de imágenes, Ravasi va desentrañando cada uno de los libros del Antiguo y el Nuevo Testamento. Sabe conducir al lector pausadamente. Describe el contexto literario e histórico de cada texto y lo sitúa en la escena final, el sentido espiritual del fragmento. Sus explicaciones invitan a pensar en profundidad el sentido del texto. La palabra de Dios penetra en el corazón del hombre como un dardo ardiente y lo seduce desde lo hondo de su ser, hasta ir transformándolo poco a poco, por medio de pequeños actos y decisiones. Dios enseña con paciencia a todos los hombres, invita a mirar más allá del mundo para penetrar en la atmósfera del horizonte mesiánico. Cristo será todo en todos (Col 3,11). 

La fe cristiana es universal, pero cada uno de los evangelistas dibuja la misteriosa persona de Jesús con perfiles, tonalidades y rasgos diferentes. Más solemne en Mateo, es cueto en Marcos; Lucas nos ofrece un retrato dulce e intenso; y, finalmente, el grandioso icono del Cristo joánico. Toda esta gloriosa arquitectura literaria es desglosada en cada uno de los diferentes estilos evangélicos. Cada fiel necesita buscar su itinerario hacia lo divino y unirse a otros en comunidad eclesial para celebrar la fe de la Iglesia. 

Finalmente, aconsejo tener este libro en las bibliotecas de las casas. Se puede rezar con él o aprender más argumentos para dar razones de la esperanza cristiana. Su lectura nos invita a exclamar: Sursum corda! ¡Levantemos el corazón!



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