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lunes, 20 de enero de 2020

Silvia Martínez Cano (ed.): Mujeres, espiritualidad y liderazgo. Por Carmen Picó Guzmán

Martínez Cano, Silvia (ed.): Mujeres, espiritualidad y liderazgo. De la mística a la acción. San Pablo, Madrid, 2019. 168 páginas. Comentario realizado por Carmen Picó Guzmán.

La experiencia mística, entendida como experiencia religiosa que propicia el encuentro con Dios, es el hilo conductor de esta publicación firmada por seis mujeres. Esta vivencia espiritual es presentada en el prólogo como una experiencia que no deja indiferente al sujeto, sino que libera y abre al mundo, y como experiencia femenina que se expresa, según Silvia Martínez Cano, hacia dentro y hacia fuera.

En relación con el “hacia dentro”, Rosario Ramos nos habla de una experiencia “desde la entraña”, una experiencia que transforma a la mujer desarrollando su capacidad de dar una respuesta autónoma, a través de la cual asumir su propia realidad y transformarla. Además, esta autora analiza esta experiencia desde la neurociencia para poder decir que es una experiencia profundamente humana que tiene que ver con la inteligencia espiritual universal que reside en el hemisferio derecho de nuestro cerebro y, después, explorar en qué condiciones se da el acontecimiento místico. Termina su ensayo con una serie de “con-secuencias” entre las que podemos destacar la necesidad de arraigar el fenómeno místico en lo psicológico, lo neurológico y lo físico para que no se convierta en evasión.

En lo que tiene que ver con el “hacia fuera”, el ensayo de Pepa Torres es una invitación a entender la experiencia mística como un fenómeno que transciende toda religión y conecta con lo social y lo político. Porque según Pepa, la ciudad es el espacio donde se expresan lo deseos y donde se debe hacer posible la “outopía” y, esa faena, de hacer posible la utopía, es imposible sin la mística “que reconoce la sacralidad de la dignidad humana”. Termina esta autora su reflexión hablándonos del cuidado como esencia de lo humano, expresión de un Dios cuidadoso, y dando la palabra a una mujer del siglo XX que vivió su experiencia de Dios en la dureza de Auschwitz y la expresó como sustento y sentido, además de como experiencia de comunión con los que con ella compartían el sufrimiento. Una experiencia de Dios que lleva a Etty Hellisum a asumir el sufrimiento en solidaridad con otros “sin dejar que la violencia ni la injusticia tengan la última palabra en su existencia”.