Bastante, Jesús: Dímelo en cristiano. La comunicación en la Iglesia. Khaf, Madrid, 2015. 190 páginas.
Comentario realizado por Marta Medina Balguerías.
Como su propio nombre insinúa, Dímelo en cristiano aborda una de las tareas más importantes que tiene la Iglesia hoy: transmitir su mensaje al mundo actual de una forma que a este le resulte comprensible. Su autor, Jesús Bastante, es periodista, redactor jefe de Religión Digital y experto en información religiosa; por tanto, la comunicación en la Iglesia es un tema que vive de cerca en su quehacer cotidiano. Un tema que, según señala en el libro, le preocupa especialmente, como cristiano y como periodista.
En opinión de Bastante, la Iglesia tiene un gran mensaje para el mundo, pero ha de saber transmitirlo. Para ello no basta solo tener buena intención. También hace falta saber comunicar. En ocasiones, la carencia de profesionalidad hace que la Iglesia (tanto en su interior como hacia el exterior) no se comunique adecuadamente. Por este motivo, en la obra se proponen algunas claves para mejorar la calidad de la comunicación eclesial.
El libro se articula en tres capítulos, precedidos de una introducción y seguidos de un epílogo. En la introducción («Y el Verbo se hizo noticia...») Bastante resalta la importancia de la comunicación en el cristianismo: el Verbo se hizo carne e hizo llegar su mensaje a muchos, y después de la muerte en cruz «resucitó y se hizo noticia –Buena Noticia...– y pidió a sus discípulos que llevaran el anuncio a todos los rincones de la Tierra... Y ahí entramos nosotros» (p. 5). El mensaje cristiano es un mensaje de salvación, y evangelizar es dar testimonio del mismo. Para ello es esencial la buena comunicación.
En el primer capítulo («Jesús y la comunicación») el autor se acerca al estilo comunicativo de Jesús para fundamentar en él la labor evangelizadora actual. Entre otras cosas, Bastante señala que Cristo tenía un modo sencillo de comunicar, de manera que todos le entendiesen; apelaba especialmente a los sentidos y utilizaba todo aquello que estaba a su alcance.
El segundo capítulo se titula «Una Iglesia-teléfono (¿comunica o “comunica”?)». En él se aborda la tarea comunicadora de la Iglesia en el presente. En opinión de Bastante, la Iglesia debe utilizar los medios de comunicación actuales en toda su variedad y con todas las posibilidades –y también los límites– que ofrecen, pues es la manera de llegar a las personas que viven en nuestra «era digital». Además de recalcar esta necesidad, el autor ofrece algunas pautas para que la labor sea fructífera y analiza casos concretos en que la Iglesia ha sabido llevar situaciones difíciles con una buena política comunicativa, y otros casos en los que no. En la última parte del capítulo, Bastante se detiene a estudiar el estilo comunicativo del papa Francisco, extrayendo de su ejemplo las propuestas que, a su juicio, interesa adoptar por parte de todos los creyentes en su labor comunicativa.
En la tercera y última parte del libro se aplica la reflexión anterior a varios ámbitos concretos: comunicar desde el interior de la Iglesia, comunicar sobre la familia, en la escuela, en la catequesis, sobre la solidaridad y a través de las redes sociales. En sintonía con las claves aportadas anteriormente, aquí se ofrecen criterios más concretos para cada uno de los temas. La obra finaliza con un epílogo en el que se ofrece un «Abecedario para “hablar en cristiano”»: una síntesis de cómo debe ser el estilo comunicativo eclesial para que resulte atractivo y eficaz.
Dímelo en cristiano aborda un tema de gran actualidad e importancia. El análisis que Jesús Bastante ofrece en este libro puede motivar y ser de especial ayuda para quienes tengan algún tipo de responsabilidad comunicativa dentro de la comunidad eclesial, aunque tiene interés para cualquier cristiano que quiera plantearse en serio su misión evangelizadora. Su lectura es muy amena, porque está escrito con claridad y con un estilo divulgativo y periodístico. Podría decirse que Bastante ha querido «hablar en cristiano» para invitar a sus lectores a que también lo hagan.


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