viernes, 15 de junio de 2012

Henri Nouwen: ¿Puedes beber este cáliz? Por Javier Sánchez

Nouwen, Henri J. M.: ¿Puedes beber este cáliz? PPC, Madrid, 1997. Colección Sauce 66. 107 páginas. Traducción de Emilio Ortega Sebastián. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Si alguien hubiera preguntado hace veinte años quién es Henri Nouwen, un porcentaje muy elevado habría contestado que es el autor de El regreso del hijo pródigo. Esto es verdad. Y pocas veces en la historia de la literatura religiosa un título alcanzaba ventas casi equiparables a las de una novela al uso. Incluso llegó a ponerse de moda escribir libros espirituales, e incluso novelas, tomando como pretexto el análisis de un cuadro. Bien. Sin embargo, si hoy lo preguntáramos, la mayoría de la gente contestaría que nos encontramos ante un sacerdote holandés, autor de innumerables libros, que cambió su vida radicalmente a raíz de un encuentro que tuvo con una comunidad del Arca (para entender qué es el Arca, véase el comentario que hemos dedicado en este blog a su fundador: Jean Vanier). En España todo el mundo lo conoce. No obstante, comenzaremos con una pequeña semblanza.

Henri Nouwen (1932-1996) nació en los Países Bajos. Ya desde niño sintió su llamada al sacerdocio, lo cual ha marcado profundamente su vida. Tras pasar dos décadas como profesor en la Menninger Foundation Clinic en Kansas (Estados Unidos) y en las universidades de Notre Dame, Yale y Harvard, cambia radicalmente el rumbo de su vida como consecuencia de una estancia que tuvo en la comunidad del Arca de Daybreak, en Toronto.
Como él mismo explica, su nivel de relaciones cambia por completo cuando el responsable de la comunidad deja a su cargo a Adam, un joven con una deficiencia mental y física severas. El hecho de tener que descender al plano del corazón y de establecer principalmente vínculos afectivos le lleva a enfrentarse con la realidad de los demás y con su propia realidad, a seguir un proceso de aceptación del otro y de sí mismo, que le descubre un nivel de existencia auténtica y veraz que nunca hubiera intuido en la universidad. Como consecuencia, Nouwen comienza a escribir libros en los que plasma su evolución personal en todos los niveles tomando como base su propia experiencia. Esto le convierte en un importante escritor de espiritualidad, autor de innumerables libros.
De entre su ingente producción, y como va siendo habitual en los autores que son comentados por primera vez en este blog, destacamos las siguientes obras (citamos la primera edición castellana):
- El camino del corazón. Narcea, Madrid, 1986.
- El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. PPC, Madrid, 1994.
- Oraciones desde la abadía. Una súplica de misericordia. PPC, Madrid, 1999.
- La belleza del Señor. Rezar con los iconos. Narcea, Madrid, 2000.
- Caminaz con Jesús. El Via crucis.(Sal Terrae, Santander, 2000.
- En el nombre de Jesús. PPC, Madrid, 2001.
- Adam, el amado de Dios. PPC, Madrid, 2001.
- Cambiar desde el corazón. Iniciación a la vida espiritual. PPC, Madrid, 2001.
- Cómo vivir una vida espiritual en un mundo material. Cartas a Marc sobre Jesús. Obelisco, Barcelona, 2001.
Henri J. M. Nouwen
- Nuestro mayor don. Una meditación sobre morir bien y cuidar bien. PPC, Madrid, 2001.
- Aquí y ahora. Viviendo en el espíritu. Edic. San Pablo, Madrid, 2002.
- El camino hacia la paz. Escritos sobre paz y justicia. Sal Terrae, Santander, 2003.
- Dirección espiritual. Sabiduría para la larga andadura de la fe. Sal Terrae, Santander, 2007.
- Con el corazón en ascuas. Meditación sobre la vida eucarística. Sal Terrae, Santander, 2008.
- Esta noche en casa. PPC, Madrid, 2009.
- Una carta de consuelo. Sal Terrae, Santander, 2009.

Jesús pregunta directamente a los Zebedeo: ¿Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber? Es decir, ¿podéis sostener la copa de la vida en vuestras manos? Esto exige, a juicio del autor, tres cosas: mantenerla firmemente, levantarla y beberla. Estas son las tres partes en las que se divide el libro de Nouwen.
1.- Tomar la copa.  No basta con vivir la vida. Debemos saber lo que estamos viviendo. Una vida sobre la que no reflexionamos no vale la pena ser vivida. Mantener firmemente la copa es vivir nuestra propia vida, no la de otros, con sus gozos y sus sufrimientos. Como Jesús.
2.- Levantar la copa. Esto es sinónimo de compartir nuestra vida para celebrarla. En este momento juega un papel esencial la comunidad, es decir, esa asociación de personas sin importancia que juntas hacen a Dios visible en el mundo. Porque elevar la copa es ofrecer una bendición. Y normalmente, en comunidad, quien nos revela que nuestra copa es una copa de bendición es el más pequeño entre nosotros. Celebrar la vida es levantarla, hacerla visible a los demás, afirmarla en su concreción real y dar gracias por ella.
3.- Beber la copa. Este gesto nos hace dueños de lo que estamos viviendo. Es hacer nuestra e interiorizar plenamente nuestra existencia única, con todas sus penas y sus gozos. Es una manera de vivir con esperanza, con coraje y con confianza en nosotros mismos. La verdadera santidad consiste precisamente en esto: en apurar tu propia copa y en ser fuente de esperanza y de confianza para los demás; en vaciar la copa del dolor y del gozo para que Dios pueda llenarla de vida pura. Por eso, debemos beber la copa desde el silencio, pues en él nos enfrentamos a nuestro verdadero ser; con la ayuda de la palabra, pues no podemos vivir una vida espiritual en secreto, sin los demás; y desde la acción, pues solo así podremos apurar hasta el final la copa, dándonos a los otros. Lo que Dios nos llama a hacer podemos hacerlo y hacerlo bien.
¿Podemos beber la copa? Los Zebedeo contestaron acertadamente: sí. Pero, ¡ojo!, beber la copa no es un acto heroico que conlleve al final una maravillosa recompensa. Beber la copa que bebió Jesús es vivir una vida en el espíritu de Jesús, que es el espíritu de un amor incondicional. Pero no nos engañemos. Solo podremos apurarla con la fuerza del Espíritu. El Espíritu Santo nos guiará y nos dará la fuerza y el coraje para seguir diciendo a la gran pregunta que Jesús nos plantea, teniendo plena conciencia de que cuando bebemos la copa que bebió Jesús, también estamos bebiendo nuestra propia copa, y viceversa.

Hace ya bastante tiempo, un grupo de jóvenes (y algunos quizá no tan jóvenes) pasó un fin de semana de retiro espiritual en Cercedilla (Madrid) animado por un jesuita. La dinámica que se llevó a cabo es la que se describe en este libro. Todos, con la seriedad que requería el momento, y después de meditar sobre estas cuestiones de las que habla Nouwen, levantamos la copa que cada uno tenía en sus manos. Y todos a una brindamos y dijimos que estábamos dispuestos a apurar la copa de la vida, es decir, la copa de Jesús. Gracias, Juan Manuel.


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