lunes, 11 de marzo de 2019

Matthieu Dauchez: El prodigioso misterio de la alegría. Por Lucía Muñoz

Dauchez, Matthieu: El prodigioso misterio de la alegría. En la escuela de los niños de Manila. Encuentro, Madrid, 2017. 132 páginas. Comentario realizado por Lucía Muñoz.

Tulay ng Kabataan es una Organización No Gubernamental en Manila que ayuda a los niños más desfavorecidos. Actúa en 4 ámbitos: niños de la calle, niños de la calle que sufren alguna discapacidad, niños que viven en los suburbios y niños chatarreros de los vertederos de Manila. El padre Matthieu Dauchez dirige la fundación desde el año 2011. 

El padre Dauchez entra en el misterio de la alegría de estos niños… ¿cómo es posible que un niño de la calle, que no ha conocido otra cosa que miseria y sufrimiento, sea capaz de mostrar una alegría sincera y desbordante? ¿De dónde surge esa vida, ese manantial de energía amorosa? ¿Cómo pueden ser alegres aquéllos que han sido víctimas de los peores escándalos, de abandonos, maltratos y abusos? 

Ritchelle, una niña que padeció abusos desde los cinco años y que pudo refugiarse en uno de los hogares de la fundación, nos sonríe sincera y profundamente cuando juega y recibe a los que visitan la fundación. Unos dirían que es una coraza psicológica; otros, que es una alegría sincera pero que podría llamarse indecente en un contexto tan degradante. Pero no debemos dejar que el escándalo nuble nuestra mirada y no nos deje ver el milagro que brota de sus corazones, que nos desconcierta y nos desborda.

Ante la abominación, ellos responden con alegría, nuestra lógica se tambalea, la alegría trasciende el dolor… Aunque necesarias, nuestras pequeñas alegrías parecen a veces frívolas, egocéntricas; buscan saciar los sentidos con la comodidad y el disfrute material. Podríamos llamarle un primer nivel de alegría, como dice el autor, que no necesita de Dios, que nos deja casi siempre insatisfechos. Los niños de la calle nos enseñan que la alegría no se acaba aquí, buscan una felicidad más esencial. 

En un segundo nivel, está la alegría del dar. Así, la alegría se hace más plena: me siento amado y elijo amar. No se trata de acumular sino de generar. No busquemos la felicidad, ¡démosla! 

El tercer nivel de la alegría, la alegría de estos pobres niños “basura”, es la alegría de la cruz. La alegría del dejarse hacer por Cristo. Se podría decir que es la alegría completa, dejándonos entrever que las alegrías anteriores son algo inacabado, intermedio. “Todos los perdones de estos niños profundamente heridos no son otra cosa que la expresión de una sed de amor intensa cuyo efecto inmediato es la alegría inagotable. Amar, por tanto, le vuelve a uno feliz”, dice el autor. Te animo a leer y releer este maravilloso libro: entra en el misterio, no te dejará indiferente. Es urgente que aprendamos de los pobres.

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