lunes, 11 de marzo de 2024

Oscar Cullmann: Cristo y el Tiempo. Por Mª Dolores López Guzmán

Cullmann, Oscar: Cristo y el Tiempo. Cristiandad, Madrid, 2008. 310 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores López Guzmán.

Cuarenta años después de su primera edición en castellano (1968), Ediciones Cristiandad recupera esta obra clásica del gran teólogo francés Oscar Cullmann (1902-1999), que marcó un hito por sus reflexiones acerca de la concepción cristiana de la Historia de la Salvación realizadas a partir de la exégesis de los escritos bíblicos. Un acierto editorial, dada la relevancia que tuvo su pensamiento no sólo en el ámbito protestante (al que pertenecía), sino en el católico. De hecho, fue observador en el Con cilio Vaticano II por invitación personal de Pablo VI, y en 1995 recibió el premio del Instituto Pablo VI por su contribución al pensamiento teológico, por su talante y, sobre todo, por su labor ecuménica. Se trata de una de las figuras más relevantes en el campo de la teología del siglo XX. Conocer su obra y el contexto en el que surgió resulta imprescindible para entender el auténtico calado del «ya sí, pero todavía no», uno de los puntos más relevantes y afortunados de su pensamiento y que ha alcanzado una gran difusión en los ámbitos teológicos y pastorales. 

El objetivo principal de la obra, tal como el propio Cullmann señala, es demostrar con métodos puramente históricos que el núcleo específicamente cristiano de la predicación primitiva coincide con la Historia de la Salvación, y que ésta supone, a su vez, una concepción cristiana del tiempo y de la historia. Autores como Schweitzer, Barth o Bultmann se convierten en los interlocutores privilegiados de esta obra, escrita en el fragor de los debates concernientes a la escatología y a la historicidad de la persona y el mensaje de Jesús. 

Para el que fue profesor en la Universidad de Basilea de 1938 a 1972 es claro que la primera comunidad cristiana entiende la salvación unida a un acontecimiento continuo que abarca el pasado, el presente y el futuro, donde todos los puntos de la línea de la salvación están en relación con un hecho histórico central: la muerte y la resurrección de Cristo. Este evento es de tal magnitud que ha condicionado el cómputo del tiempo en nuestra cultura. Lo decisivo de esta forma de contar los años es que se hace a partir del nacimiento de Cristo tanto hacia el pasado (decreciendo) como hacia el futuro (creciendo), con lo que se pone de relieve la centralidad de Cristo en todo el acontecer histórico. «El acontecimiento que se sitúa en el año 1 constituye el sentido último y criterio fundamental de toda la historia anterior y posterior a esa fecha; y en ambas direcciones, descendente y ascendente» (p. 34). Por lo tanto, «todo acontecimiento debe interpretarse desde la perspectiva de la acción de Cristo» (p. 35). Este punto culminante de la historia y la revelación no sólo afecta a la comprensión de la «historia sagrada», si no que también deberá ser para el cristiano el criterio con el que mirar la «historia profana».

Como reconoce Cullmann, las controversias dogmáticas en el seno de la Iglesia antigua relegaron a un segundo plano la concepción central del tiempo y de la historia. Algo similar sucede en estos momentos, en que la experiencia de la fragmentación y la pérdida del significado de la temporalidad como continuum están oscureciendo y desplazando la visión unitaria de la historia y de la salvación. Por eso se hace necesario rescatar los grandes temas que, como el sentido del tiempo, están en el corazón de nuestra fe. 

Una lectura obligada, por su repercusión en la historia de la teología y por la profundidad que emana de cada una sus páginas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario