Torralba Roselló, Francesc: Creyentes y no creyentes en tierra de nadie. PPC, Madrid, 201. 328 páginas. Prólogo del cardenal Gianfranco Ravasi. Comentario realizado por Marta Medina Balguerías.
Como su propio nombre indica esta obra versa sobre un diálogo que ha de efectuarse «en tierra de nadie», esto es, el límite, la frontera, el lugar adonde vamos tras haber abandonado nuestro cálido entorno, para así poder encontrarnos con el otro. Se trata del diálogo entre creyentes y no creyentes o, más bien, entre quienes creemos diferentes cosas, pues al fin y al cabo la creencia es constitutiva de la naturaleza humana. El objetivo principal del autor, Francesc Torralba, es estudiar las condiciones de posibilidad de dicho diálogo en la sociedad actual. Doctor en Filosofía y Teología, además de escritor comprometido, ha plasmado en su obra muchas de sus lecturas de filósofos y teólogos; sin embargo, no le ha imprimido el estilo de un estudio académico, sino un estilo sencillo y personal con el que pretende interpelar al lector.
En la presentación, Torralba pone de relieve la importancia y riqueza del diálogo entre creyentes y no creyentes, así como la necesidad de que ambos se encuentren «en tierra de nadie». Dialogar con quienes son diferentes a uno es siempre un motor de crecimiento personal y es fundamental para la edificación de una sociedad abierta y fraterna, en la que la diversidad sea motivo de riqueza y no de enemistad. Ahora bien, como muestra este libro, un diálogo fructífero requiere que los interlocutores se dispongan a expresar su mundo interior y a abrirse al mundo que el otro les muestra. Tarea nada fácil y en la que aparecen obstáculos que hay que saber percibir y vencer.
El libro está estructurado en nueve partes. En la primera y la segunda, el autor aborda el universo creyente y el no creyente, respectivamente. Se trata de un acercamiento a cada uno de los polos del debate, para mostrar algunas de sus creencias y características. Es interesante apuntar que las distinciones que hace el autor son finas, sin caer en generalizaciones sobre ninguno de los dos colectivos sino poniendo de relieve la diversidad de ambos. La tercera parte trata sobre las condiciones del diálogo, y en ella Torralba expone algunos de los requisitos necesarios para que pueda haber un diálogo sano. Las partes cuarta y quinta son, podríamos decir, antitéticas: una estudia los obstáculos que hay a menudo en un encuentro dialógico de este tipo, mientras que la otra analiza los aspectos comunes entre los interlocutores, que siempre ayudan a que se establezca el diálogo. Las dos siguientes partes versan sobre la vida espiritual. En la sexta se aborda la interesante cuestión de la espiritualidad de los no creyentes, y en la séptima lo que el autor denomina «rupturas y metamorfosis de la vida espiritual» o, más llanamente, «los vericuetos» de la misma. En ambas partes se toma en consideración la postura de creyentes y no creyentes. Las últimas dos partes funcionan a modo de corolario y, aunque también aúnan ambas perspectivas, se centran en la creyente. En la octava se analiza el amor como lo único digno de fe y como signo de credibilidad de los cristianos. En la novena, el autor hace una apología de la esperanza como horizonte de creyentes y no creyentes y como motor para transformar la realidad.
Finalmente, es importante puntualizar que el libro se centra en el diálogo de la fe cristiana con la increencia religiosa. Torralba aclara desde el principio que, aunque muchas de sus afirmaciones se puedan aplicar a otras creencias religiosas, su foco principal es la fe cristiana. Por eso se trata de una obra interesante para cualquiera que desee profundizar y reflexionar sobre este tema, pero quizá de manera especial para los cristianos que busquen dialogar con quienes tienen creencias diferentes de las suyas. Como decíamos, la obra está escrita con claridad y, por tanto, es accesible a todo tipo de lectores.


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