Lambiasi, Francesco: El Espíritu Santo como amor-don. Sal Terrae, Santander, 2014. 94 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores de Miguel Poyard.
Ya Urs von Balthasar manifestaba la dificultad de hacer teología sobre el Espíritu Santo: «solo quiere atravesarnos con su aliento, no convertirse para nosotros en un objeto; no quiere ser visto, sino ser en nosotros el ojo que ve. Él es la luz que no se puede ver salvo en el objeto iluminado. [...] Es lo inobjetivable, el misterio que alienta eternamente por encima de toda objetivación, a cuya luz, sin embargo, se vuelve claro y diáfano todo lo que realmente es susceptible de esclarecimiento».
Es el protagonista de la vida de la Iglesia y, en su humildad, sigue siendo el gran desconocido.
La obra de Lambiasi es una acertada aproximación a la teología del Espíritu Santo en sus diversas perspectivas. En el primer capítulo ilumina retrospectivamente la vida histórica de Jesús a la luz de la pneumatología; desde Pentecostés y la Pascua llega al bautismo de Jesús y, desde ahí, hasta la Encarnación.
En el segundo capítulo dirige su mirada hacia lo alto; intenta aproximarse a la vida del Espíritu en el seno de la santísima Trinidad.
En el tercero, analiza la acción del Espíritu en la Iglesia; en el cuarto, describe en qué consiste para el cristiano vivir en el Espíritu. Y, finalmente, concluye con una humilde oración de petición: ¡Ven, Espíritu Santo, ven!
Lo habitual en pneumatología es centrarse en los dones del Espíritu o referirse a su relación con el Padre y el Hijo en el seno de la Trinidad. Uno de los aciertos de esta obra es haber presentado de forma clara y ordenada, sencilla y profunda a la vez, bella y sugestiva, la riqueza de perspectivas de la vida del Espíritu. Los diversos ámbitos de la teología (cristología, mariología, misterio de Dios, Sagrada Escritura, eclesiología, sacramentos, liturgia, antropología teológica...) tienen su fundamento en la pneumatología. Y, para dejarlo claro, ya desde la introducción sorprende con afirmaciones contundentes como, por ejemplo: «¿Qué sería Dios sin el Espíritu Santo? [...] Gregorio de Nisa respondía: “¡Un cadáver!’».
Desde el título se subraya la centralidad del Espíritu en la vida de la Iglesia. Amor-don, tomado de la encíclica Dominum et vivificantem de Juan Pablo II, presenta al Espíritu como el don mayor de Dios-Amor. En el regalo se nos da a sí mismo y nos dinamiza para entregarnos a los demás; de aquí brota la espiritualidad de la gracia, sintetizada certeramente por J. Ratzinger: «No se puede llegar a ser íntegramente humano sin ser amado, sin dejarse amar» (p. 47). De ahí que la clave radique en acoger el don de Dios para poder vivir la gratuidad de dar por amor. Esta es la nueva ley y la raíz de nuestra libertad.
Son muy sugerentes sus reflexiones. Así, la presentación de los dones de Pentecostés: la comunión, la misión y la conversión del corazón; o su afirmación de que, desde el Espíritu, no hay dicotomía entre carisma e institución; o la metáfora del Espíritu como «fuego del amor» que «permite a Jesús vivir en la cruz una profunda y radical transformación existencial: reaccionar ante una violencia totalmente injustificada con una entrega totalmente incondicionada» (p. 32); o su presencia viva y eficaz en la Palabra de Dios leída con fe: «La Escritura crece con quien la lee (san Gregorio Magno)» (p. 56); o su energía para unificar a la Iglesia y hacerla católica y apostólica.
Es un libro muy claro y oportuno, escrito para divulgar de forma sencilla las verdades fundamentales de nuestra fe; pero no deja de ser un compendio sintetizado, y conviene saborearlo despacio para dejarnos vivificar por el Espíritu.
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