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viernes, 12 de septiembre de 2025

François Sureau: Íñigo. Por Benigno Álvarez Lago

Sureau, François: Íñigo. Una semblanza. Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander ,2012, 168 páginas. Comentario realizado por Benigno Álvarez Lago.

La lectura de esta obra nos invita a hacer un ejercicio de contemplación de la vida de Ignacio desde su lucha contra los franceses en Pamplona hasta el momento en que decide dejar Manresa y peregrinar a Jerusalén.

Esa lectura podríamos hacerla siguiendo los pasos de la contemplación ignaciana de los Ejercicios Espirituales. Comenzamos a leerlo y vamos descubriendo que la narración nos ayuda a hacer una composición de lugar de la vida de Ignacio. En palabras de Santiago Arzubialde, «la composición de lugar ignaciana trata de componer el lugar del encuentro, que no es otro, en este caso, que la misma situación existencial del individuo en el plano de la salvación vista con los ojos de Dios».

La situación existencial de Ignacio en este período de su vida es lo que comúnmente se suele denominar su «proceso de conversión». El autor sostiene que la persona de Ignacio que deja al final del libro, camino de Jerusalén, no anula la persona que ya existía antes de la herida en Pamplona. Pero entre ambos momentos se va dando en

lunes, 7 de enero de 2013

François Sureau: Íñigo. Por Javier Sánchez Villegas

Sureau, François: Íñigo. Una semblanza. Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander, 2012 (original de 2010). Colección "Principio y Fundamento" 10. 167 páginas. Traducción de Isidro Arias Pérez. Comentario realizado por Javier Sánchez Villegas.

"La figura de Ignacio de Loyola me resultó detestable durante mucho tiempo. Me parecía un perturbado permanentemente anegado en lágrimas que apelaba sin distinción a los sacrificios que una imaginación medieval le hacía concebir. No me gustaba ni su palabra, ni sus 'dos banderas', ni su pasado de soldado, ni su futuro de general del papa, ni su rostro de frente estrecha y huidiza... Su militarismo me molestaba, al igual que sus reglas y sus disciplinas y las mil argucias de su correspondencia. No entendía cómo la misma persona que, según la tradición oriental, había querido convertirse en 'loco por Cristo' y ser despreciado podía sopesar en sus cartas con tanta minuciosidad los pros y los contras de sus iniciativas y entenderse con los poderosos".

Así comienza el epílogo de esta obra. Fue esto lo que llamó mi atención y lo que me indujo a leer este libro. No porque mi imagen de Ignacio de Loyola coincidiera con la suya, sino porque si una persona piensa esto y, no obstante, se lanza a escribir una semblanza de san Ignacio, es porque ha descubierto en él algo nuevo, vital, deslumbrante. Y yo no me lo quería perder. Además, me llamó la atención el propio autor, François Sureau. Según se dice en la contraportada, es escritor y abogado. Fundador y presidente de la asociación "Pierre Claver" para la ayuda a refugiados e