miércoles, 4 de marzo de 2015

Olegario González de Cardedal: Dios en la ciudad. Por Gonzalo Villagrán Medina

González de Cardedal, Olegario: Dios en la ciudad. Ciudadanía y cristianía. Sígueme, Salamanca, 2013. Colección "El Peso de los Días" 86. 288 páginas. Comentario realizado por Gonzalo Villagrán Medina.


A lo largo de su extensa carrera Olegario González de Cardedal ha querido siempre estar presente como teólogo en los diversos debates sociales existentes en el entorno español. De esta manera, ofrece la luz que aporta la teología a las diferentes realidades sociales. Aunque nunca haya utilizado el término, el autor puede ser considerado un auténtico teólogo público en la mejor tradición de la teología pública norteamericana. 

En este libro, se tratan más sistemáticamente temas que han ido apareciendo en su dilata producción teológica. Se aprecia así claramente la continuidad de visión entre el texto que nos ocupa y su gran obra de reflexión teológico-social España por pensar publicada en 1984. A la vez es necesario destacar cómo Dios en la ciudad muestra los cambios sociales y culturales de la sociedad española y europea actual. Es, por tanto, una síntesis del pensamiento teológico sobre la relación Iglesia-sociedad de González de Cardedal. Esta problemática es una de las grandes quaestio disputata de la teología y las ciencias sociales contemporáneas. 

En ese sentido, es interesante apreciar la evolución de nuestro autor a lo largo de su carrera. A comienzos de los 80, González de Cardedal se esforzaba principalmente por ayudar a la joven democracia española a romper con la confusión histórica entre identidad católica y ciudadanía hispánica, de esta manera buscaba construir una ética cívica para la nueva sociedad plural. En Dios en la ciudad mantiene este objetivo pero introduce nuevas preocupaciones. En concreto se esfuerza ahora con igual fuerza en rebatir posturas propias de un laicismo negativo. Estas niegan la posibilidad de una palabra pública de la Iglesia e imponen el agnosticismo como la posición por defecto de la sociedad y del Estado. En contra de esta posición, nuestro autor defiende una sana separación y posterior colaboración entre Iglesia y sociedad que identifica con una laicidad inclusiva o positiva. 

La obra tiene tres partes principales. La primera, titulada «Dios en el espacio y en el tiempo», se pregunta por el lugar de Dios en el mundo postmoderno contemporáneo y por el momento histórico en la historia de la relación del hombre con Dios. Habla de una necesaria tensión entre descubrir a Dios en el mundo (inculturación) y separarse del mundo para verlo críticamente desde Dios (exculturación). Igualmente repasa las diferentes visiones del papel de la religión en la sociedad que se han sucedido en los últimos cincuenta años. Muestra así nuestro autor cómo se ha superado las posturas en boga en los años sesenta que imponían el secularismo como necesidad histórica de la modernidad. Actualmente se habla de tiempo post-secular en el que las religiones tienen un papel importante que jugar en sociedad, papel diferente del que ha jugado en el pasado. De esta manera, la actual situación europea de fuerte secularización no es un referente para la humanidad sino, más bien, una excepción. 

La segunda parte, titulada «Dios en Europa», reflexiona sobre la actual situación de alejamiento de Dios que se da en Europa. Estudia las raíces de esta situación distinguiendo entre el ateísmo de Marx que mantenía una dimensión ética, y el nihilismo inspirado por Nietzsche que marca el tiempo postmoderno. Frente a esto, nuestro autor sugiere cómo podría ser la Iglesia del futuro en Europa: una Iglesia más minoritaria, que mantenga su carácter público y que no se limite a ser instrumento útil a la sociedad sino que continúe dando testimonio de la fe en Jesucristo. 

Olegario González de Cardedal
Finalmente, la tercera parte de la obra, titulada «Algunos problemas concretos», reflexiona sobre la relación entre religión, ética y política. El autor trata aquí temas como la libertad religiosa, la laicidad o la relación entre libertad y verdad. El punto de partida es el reconocimiento de la autonomía de los distintos órdenes rechazando la imposición de una visión concreta, tanto agnóstica como creyente, al conjunto de la sociedad. El autor habla de la necesaria elaboración de una razón pública común a toda la sociedad por la convergencia de las diferentes posiciones presentes en la sociedad plural. Esta elaboración sería responsabilidad de la sociedad civil, de esta manera se evitaría la imposición de una visión concreta de la vida por parte de un partido político u otro. 

El tema del libro, la cuestión sobre la relación Iglesia-sociedad, es un debate que ha suscitado una amplia producción bibliográfica en los últimos años. Aunque el autor ha escrito mucho y muy bueno sobre este tema a lo largo de su carrera, esta obra supone una aportación más sistemática. Echo de menos, sin embargo, un mayor diálogo con los grandes autores de la filosofía social y política actual. Esta falta de referencias hace que las concreciones sean demasiado genéricas y difíciles de perfilar. Igualmente, no hay demasiadas citas de otras obras teológicas importantes sobre la relación Iglesia-sociedad, lo que hace difícil situar la propuesta en el horizonte del debate actual en teología moral sobre esta temática. 

Es especialmente valioso el dominio que demuestra nuestro autor de los principales filósofos modernos (Marx, Nietzsche, Kierkegaard, la escuela de Frankfurt) que se convierten en los verdaderos interlocutores del pensamiento del teólogo abulense. Así, el punto fuerte de la obra es, sobre todo, el diálogo de la fe cristiana con la increencia en la Europa actual y la defensa de su contribución a la vida social. Esta contribución se produce, para nuestro autor, desde la cristianía, neologismo con el que hace referencia a la apropiación personal de la fe cristiana por el creyente, apropiación que configura su vida social y política.


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