miércoles, 28 de septiembre de 2016

Agustín Serrano de Haro: Paseo filosófico en Madrid. Por Javier Sánchez

Serrano de Haro, Agustín: Paseo filosófico en Madrid. Introducción a Husserl. Trotta, Madrid, 2016. 271 páginas. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Este libro tiene algo de invitación y de aventura. Invitación, dado que su objetivo es introducirnos en el pensamiento de uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Y aventura, pues toda introducción supone siempre salir de sí para explorar nuevos horizontes, sabiendo que, al final, nada volverá a ser como al principio.

Agustín Serrano de Haro (científico titular del Instituto de Filosofía del CSIC), consciente de ello, propone al inicio de su obra acompañar silenciosamente en su paseo a dos de los grandes pensadores españoles del siglo pasado: a Xavier Zubiri y a José Gaos. Estos coincidieron en Madrid en mayo de 1921 y, desde la calle San Bernardo hasta la calle Pinar (sede de la Residencia de Estudiantes), fueron departiendo acerca del pensamiento de Husserl y la llamada fenomenología. Uno hablaba, el otro escuchaba. ¿Es posible acceder al mundo de los fenómenos puros al margen del método fenomenológico? Más allá del sesgo “archiesencialista” que tomará el pensamiento y la obra de Zubiri, Serrano de Haro considera que hay que poner el foco en los principios teóricos de la fenomenología, que se calificó a sí misma de pura.

De esta forma, la obra se divide en cuatro partes, cada una de las cuales planteará distintas cuestiones.

-“La fenomenología entera” expuesta al paso. Esta primera parte se centra en la reconstrucción del encuentro y del paseo entre Zubiri y Gaos; en el monólogo de Zubiri, diez días antes de la presentación de su tesis doctoral titulada Ensayo de una teoría fenomenológica del juicio; en la disidencia sin efecto de Gaos y en la influencia perdurable en el caso de Zubiri.

-En busca de los fenómenos. En esta parte, el autor comienza a analizar críticamente las exposiciones del pensamiento de Husserl que Zubiri hizo públicas en 1923 y 1963. A la par que muestra las deficiencias del planteamiento de Zubiri, se hace una presentación alternativa de las grandes categorías husserlianas, centrándose sobre todo en la noción de fenómeno.

-Nueva andadura de la fenomenología. Este es el tramo central del paseo, en el que se abandonan las críticas para establecer las condiciones de posibilidad de los fenómenos en su aparecer, y se trata de «ordenar los descubrimientos cardinales de la fenomenología pura»: “cartesianismo de la vida”, “trascendentalismo maduro” y “egología encarnada”. Así, desde la conciencia pasiva del tiempo hasta la configuración del cuerpo como tal, pasando por la correlación inmanente de la intencionalidad, el autor trata de «poner en palabras quizá no tan manidas las condiciones sine quibus non del milagro cotidiano y perpetuo del aparecer».

-La crisis de la ontología natural. Esta parte marca el final del trayecto. Sus puntos responden a un intento por esquematizar lo andado hasta ahora, fundamentalmente sostenido por la epojé fenomenológica (el mundo aparece existiendo) y por la reducción trascendental (el mundo existe apareciendo). Importante es, por último, destacar la relevancia ético-política «de que el mundo de la vida como realidad verdadera, redescubierta filosóficamente, se halle así confiado a la intersubjetividad que lo goza, lo habita y renueva».

Con un lenguaje preciso, riguroso, posiblemente no apto para cualquier tipo de lector, Serrano de Haro nos presenta de una manera brillante y crítica tanto a Husserl como la fenomenología. La invitación a pasear por sus planteamientos, por sus puntos fuertes y débiles, está ahí. Y siempre ayuda hacerlo en compañía, en este caso del propio autor del libro. El resultado dependerá del lector y de su capacidad para ir más allá. Lo cierto es que la fenomenología no deja de ser una aventura que invita a posicionarse ante uno mismo, ante los demás y ante el mundo. Nunca deja indiferente.

Casi cien años han pasado desde aquel paseo que dieron Gaos y Zubiri, paseo que les hizo recorrer buena parte del centro de Madrid. Cuando llegaron a la Residencia de Estudiantes, se encontraron con otro de los grandes pensadores españoles: Ortega y Gasset. Este hablaba de Don Juan Tenorio, el cual era presentado como un gran conocedor del corazón de los seres humanos, más que cualquier filósofo. Como dice Agustín Serrano de Haro al final de su obra, «los oyentes tuvieron así tema de conversación en el camino de vuelta».

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