miércoles, 1 de agosto de 2018

Arantzazu Martínez-Odría e Isabel Gómez Villalba: Aprendizaje-Servicio. Por José Fernando Juan Santos

Martínez-Odría, Arantzazu y Gómez Villalba, Isabel (coord.): Aprendizaje-Servicio. Educar para el encuentro. Khaf, Madrid, 2017. 267 páginas. Comentario realizado por José Fernando Juan Santos.


Las nuevas metodologías tienen, a pesar de las críticas que se hacen de ellas, mucha novedad. Aportan una gran flexibilidad al educador de cara a crear distintos contextos educativos, ayudan a comprender mejor al educando, y algunas muy particularmente, como el Aprendizaje-Servicio, sitúan la escuela en su entorno de modo distinto a como se viene entendiendo hasta el momento. Obligan de esta manera a repensar. 

Este libro propone una metodología, que tal y como es expuesta, sonará a apertura del centro, de la clase al barrio y particularmente a sus necesidades. Una apuesta global, más que una acción, en la que enseñar es invitar a la transformación y adquirir competencias va muy unido a la mejora del mundo. Aprender sirviendo, aprender para servir. No se trata de utilidad, sino de un cuestionamiento global en el que, nuestra forma de mostrar el mundo y la sociedad en la que vivimos, se convierte en el compromiso con eso que vamos aprendiendo. Y a medida que nos comprometemos aparecen retos que reclaman nuevos aprendizajes y competencias, que deben ser aprendidas de cara al objetivo último: la situación del alumno en el mundo y su futura situación como ciudadano competente. Según está estructurado tiene algo de excelente. No deja solos a los pedagogos en sus propuestas, ni a los educadores y educandos en sus prácticas. Los une.

Una primera parte está dedicada a la fundamentación y en ella intervienen diversas voces, en la misma línea. Por un lado, centradas en la reflexión pedagógica actual, y aquello en lo que va profundizando en este cambio de era, y también entroncando esta forma de aprender con la misma tradición de la Iglesia y especialmente con la Doctrina Social de la Iglesia. La segunda presenta muy diversos proyectos, de diferente índole, pero estructurados, pensados, con objetivos claramente definidos y evaluados. No se trata tanto de “hacer”, mucho menos de hacer de cualquier manera o salir del paso, sino de dotar a esas acciones de un contenido y objetivos claramente educativos que luego se puedan, de alguna manera, evaluar. Esta reflexión sobre todo lo que se necesita, y se aprende, con determinadas acciones de servicio al otro, por muy sencillas que puedan parecer en un principio, es lo que convierte estas acciones en acciones educativas. Quizá en la escuela se haya descuidado más esta segunda parte, por parecernos burocrática, y se hayan perdido oportunidades serias de reflexionar y evaluar la propia práctica docente.

La clave principal, como se verá, está en establecer un buen proyecto. Donde integración, responsabilidad, apertura al otro, empatía, compromiso, tengan cabida desde las estructuras pedagógicas. Todo un reto, hermoso reto. Que a buen seguro quien lea este libro encontrará horizontes más que suficientes para llevarlo a la práctica.

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