miércoles, 26 de febrero de 2025

Javier Garrido: Preguntas sobre Dios. Por Cristina Erce

Garrido, Javier: Preguntas sobre Dios. Aclarar malentendidos y abrir horizontes. Verbo Divino, Estella, 2010. 280 páginas. Comentario realizado por Cristina Erce.

El fenómeno de la secularidad que se vive en nuestras sociedades occidentales está siendo todo un reto para los creyentes. Primero, porque pone en cuestión nuestro lugar en el mundo como creyentes y como Iglesia; y, segundo, porque pone también en cuestión cómo hablar de Dios. En este contexto encontramos reacciones diversas. Unos se sitúan ante estos retos a la defensiva, considerando negativo todo proceso de secularización e intentando recuperar modos que fueron eficaces en su momento; para ellos, evangelizar consiste en «adoctrinar» bien, repetir más o menos renovadas las fórmulas dogmáticas, que son valor seguro. Otros asumen positivamente –y acríticamente, quizás– la modernidad, identificando la autonomía del hombre moderno y la transformación efectiva de lo real con el Reino, de manera que encuentran conexión fácil con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, pero no saben qué hacer con Dios como Ser personal. Para algunos de estos, la evangelización pasa por respetar el camino de los otros, porque ningún camino espiritual, ninguna religión, es mejor que otra. Dios, en el mejor de los casos, es el fundamento de lo creado, horizonte de sentido, pero no un Tú que ha querido hacer una historia con los hombres. Cabe una tercera postura, que está en la base de «Preguntas sobre Dios» y a la que nos anima su autor, ya muy conocido por sus obras de espiritualidad según el modelo de la personalización y por su reflexión en temas franciscanos. La comentamos brevemente a continuación. 

Javier Garrido propone asumir positivamente la secularidad y el respeto a la autonomía personal y, desde ahí, aclarar malentendidos y desmontar precomprensiones que bloquean la experiencia religiosa y la fe cristiana. La novedad insospechada que supone el acontecimiento salvador de Dios –verdadera Buena Noticia– no puede ser guardada «bajo el celemín», sino anunciada y proclamada. Para ello hace falta hablar desde y para el hombre y la mujer de hoy, que viven en este contexto cultural y necesitan un lenguaje acorde con su mentalidad crítica. 

Desde ese mismo respeto a las personas surgió el método de elaboración del libro. Según se expresa en el mismo título, Preguntas sobre Dios es un libro de preguntas y respuestas o... invitaciones a buscar. Para su elaboración se ofreció a distintas personas, en su mayoría no creyentes, el poder formular cuestiones sobre Dios. Dichas preguntas fueron después recogidas y organizadas temáticamente, completando algunos temas, para poder ofrecer al final una visión de conjunto. 

El libro se estructura en 22 epígrafes que, por razones de brevedad, no enumeramos en su totalidad. Si leemos entre líneas el Índice, se adivina sin dificultad un itinerario de acceso-propuesta-acogida de la fe cristiana, verdadero proceso evangelizador que parte de la persona que busca y se cuestiona críticamente. ¡Tantas preguntas nos resultan tan conocidas –y padecidas por nosotros mismos y por gente de nuestro entorno...! Así encontramos, entre otros, apartados como: ¿Por qué buscar el sentido de la vida?, que aglutina preguntas del tipo «A la vida le da sentido el ser honrado y ayudar al prójimo. ¿Es que hace falta algo más?»; La búsqueda de los libros identidad personal y la cuestión religiosa, que recoge cuestionamientos como «¿Es que hace falta Dios para realizarse como persona?»; Ofertas diversas de sabiduría («Tantos caminos religiosos me desorientan...»); Qué ofrece la fe cristiana; ¿Es que Dios interviene? («En una cultura científica... ¿por qué la fe habla de providencia?»); Dios ¿para qué?; Cuestiones que plantea la Biblia; Creer en Jesús de Nazaret («¿Cómo puede ser real que Jesús esté vivo?; ¿no habría que decir que lo sentimos vivo?»); Razonar y creer; El modelo cristiano de ser persona; Sobre la oración; El escándalo del sufrimiento («Si Dios es bueno, ¿por qué permite tanto sufrimiento?»); Sobre el pecado («Nunca he entendido el pecado original; ¿cómo ha podido Dios hacernos así?»); Por qué y para qué la Iglesia («¿Por qué tengo que creer en la Iglesia? Sólo creo en Jesús»); El cristianismo y las otras religiones («¿No es Jesús uno de tantos maestros religiosos, como Buda o Mahoma?»); ¿Hay un «más allá»? («¿No es la creencia en el más allá una ilusión?»); etc.

Junto a la serie de preguntas y respuestas, se percibe que en el libro late la paradoja que vive todo evangelizador. Resulta imprescindible aclarar malentendidos, explicar, facilitar lenguajes, desbloquear prejuicios... Pero el acontecimiento-Jesucristo y cuanto con él se relaciona no se reduce a una explicación racional y requiere que la persona, el lector, se arriesgue y se implique en una búsqueda que le afecta personalmente: «Ven y lo verás», porque todo camino en el que se pone en cuestión lo mejor de la persona es implicativo. ¿No ocurre así en la relación interpersonal, en el amor? No se puede comprender si no es haciendo uno mismo la aventura. De ahí la tensión permanente que destilan las páginas del libro y que supone a la vez su debilidad y su fuerza. Debilidad, porque decepcionará a quienes busquen recetas, respuestas fáciles o meramente intelectuales para dar la solución mágica a las cuestiones planteadas; fuerza, porque suscita cuestionamientos, alienta la búsqueda, abre horizontes, replantea las cuestiones y lleva a los lectores más allá de su punto de partida.

Por todo ello, es un libro –muy valioso, creemos– para aquellos que buscan y para evangelizadores que se mueven «en la frontera» y necesitan combinar el respeto a las personas y el don de Dios para los hombres.


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