Baquer Sistach, Josep: La pareja humana. Anotaciones para una reflexión. Barcelona, 2018. 170 págs. Comentario realizado por Jesús Ángel Rodríguez.
Si Dios tiene preferencia por los excluidos, los tendremos que poner en primer lugar, ¿no?
Aunque el libro se podría catalogar como de teología moral, en realidad es un escrito de teología pastoral.
El libro se estructura en ocho capítulos y un prólogo. El prólogo aporta una visión desde el campo de la biología.
El autor -arquitecto de profesión- empieza dándonos un concepto en terminología constructivo-arquitectónica. Podríamos hablar de una «deconstrucción» para luego proceder una «reconstrucción». Los cuatro primeros capítulos son la guía para proceder a la deconstrucción de un edificio inestable, que se sostiene sobre dos apeos: los argumentos de «tradición» y los argumentos de «Escritura». Esos argumentos vertebran la estructura diseñada a lo largo de los siglos, por personas del género masculino pertenecientes al estamento «clerical», supuestamente heterosexuales (¿o no?), que han formulado documentos vinculantes para los cristianos pertenecientes a la Iglesia Católica, que llegan a condicionar su conciencia y, por tanto, su comportamiento «debido».
Hasta aquí, la «deconstrucción». A partir del capítulo quinto empieza la «reconstrucción», con el mismo material, pero remozado. Supuesto lo anterior, ahora se trata de abrir nuevos horizontes, o simplemente de abrir, aunque sea solo una brecha de luz, en ese ambiente oscuro y cerrado en el que «oficialmente» nos movemos en la Iglesia a tenor de los documentos oficiales. Por eso el capítulo quinto ayuda a redescubrir el sentido original del «sacramento» del matrimonio: dónde radica el hecho «sacramental» ya desde sus orígenes en la tradición bíblica y patrística, para desde ahí podernos preguntar si esa cualidad «sacramental» solo se puede atribuir a la unión estable entre hombre y mujer o es extrapolable a dos mujeres homosexuales o a dos hombres homosexuales.
El capítulo sexto trata de la conciencia y del sentido moral. ¿Por qué? Porque el peso de la doctrina moral en la tradición de la Iglesia ha condicionado enormemente las conciencias de las personas que quieren pertenecer a la Iglesia pero que su condición homosexual les impide en la práctica vivir de modo acorde a esa doctrina. Ahí nos podemos preguntar: ¿hasta qué punto la doctrina de la Iglesia puede afirmar desde fuera el contenido de la «ley natural» o la «ley de Dios» impresa en el corazón de todas las personas? El texto ilumina algunos aspectos «clásicos» y actuales, que pueden ayudar a poder vivir de veras la libertad de conciencia, algo que es inherente a la condición humana. Y, de ahí, posicionarse en paz a la hora de tomar decisiones a partir de la condición homosexual o heterosexual de cada uno. Tema clave, la vida en «pareja humana» de personas no solo hétero sino homosexuales.
A partir de la experiencia «pastoral» de muchos años de acompañamiento de comunidades (CVX especialmente) y de personas, en el capítulo séptimo, se apuntan algunos datos que pueden ayudar a aquellos que acompañan a personas (o grupos/comunidades) como servicio de Iglesia, sean laicos o sean clérigos o religiosos. Uno se pregunta si el hecho de acompañar personas homosexuales o personas (familiares) relacionadas con ellas, conlleva alguna especificidad y en qué sentido.
Y finalmente, en el último capítulo, el octavo, se plantea algo muy propio de la espiritualidad ignaciana: el «sentir con la Iglesia». Pero se plantea desde el cuestionamiento de muchas personas homosexuales que por el hecho de serlo se han visto excluidas del ámbito «políticamente correcto» de la Iglesia. ¿He actuado correctamente dejando la Iglesia? ¿Tendría que volver? ¿Qué sentido tiene estar en una Iglesia que impide a las personas homosexuales poder vivir la plenitud de vida «en pareja»? Se apunta unas posibles razones para seguir ahí y de modo activo, porque las cosas solo se cambian de verdad desde dentro.
En ese capítulo se ofrecen unas pistas para andar por el camino del diálogo, pero siempre bien pertrechados a partir de todo lo expuesto anteriormente. No de forma ingenua ni asumiendo de facto el paternalismo institucional, pero teniéndolo en cuenta. No bastan las actitudes que propone el CIC de respeto, compasión y sensibilidad, sino que para dialogar hay que tener claro el contenido que hay que poner sobre la mesa de diálogo.
Siempre tendremos que preguntarnos cuando sufrimos discriminación, cuando acompañamos tantas soledades, cuando nos duelen los peores rasgos de la Iglesia jerárquica, cuando vemos tanta incomprensión, tanta marginación por causa de la condición sexual de muchas personas... qué significa sentir con la Iglesia.
El libro termina con una cita bíblica, del siglo décimo antes de Cristo, que nos presenta el auténtico rostro de Dios afectado por aquello que afecta a sus amados del Pueblo de Dios.
Si quieres acceder al libro, pincha en el siguiente enlace:


No hay comentarios:
Publicar un comentario